Argumentos envenenados

Vivimos en estado de mala esperanza. Tiempos turbulentos en que a los aviones les da por desaparecer en pleno vuelo sin dejar rastro, en que los que votamos para que protejan la cosa pública se han convertido en depredadores de la cosa pública, en que el jefe de este estado atesora un nutrido historial de amorosos devaneos y negocios a cual más escandaloso según leo en lo de Jesús Cacho.

Cuenta Alvaro Cunqueiro que en la época de las enconadas disputas religiosas en Bizancio había mensajeros capaces de envenenar las palabras que, una vez pronunciadas, se adentraban en los oídos de los enemigos provocando en ellos mareos y vértigos antes de que se desplomaran fiambres a sus pies. Argumentos envenenados, los llamaron. “Cuando los ortodoxos bizantinos, apurados por los turcos, a mediados del XV, vinieron a Occidente buscando ayuda y paz con los católicos romanos, se les exigió a sus oradores que antes de ponerse a discutir se enjuagasen la boca con una mezcla de agua salada y orilla de corderillo lechal, no trajesen argumentos envenenados soto lengua”.

Lo del décimo año después del 11-M. Dice el flamante Abadillo que ahora comprende que cayó en el error de dar pábulo a ciertas informaciones que solo pretendían confundirle y llevarle a un callejón sin salida (¿tan pesada alforja para este viaje?). También dicen que hay un moro condenado, confidente policial, que ha escrito desde la cárcel a la víctima Manjón más cartas que Madame de Sévigné a su hija perdida. Quiere el moro convencerla de que la UCO de la Guardia Civil cometió los atentados.


cortapeloEl resto son recuerdos de días lóbregos y ultrajantes. De cuando la soberbia y la inepcia de quienes gobernaban nos extravió a todos en el bosque del terror; de cuando la izquierda fue más siniestra; de cuando aprendí a no votar nunca a ningún partido que me violentara en plena calle; de cuando la matanza de la eta dejó repentinamente de ser portada en el diario independiente de la mañana; de cuando los terroristas suicidas se depilaban y cubrían su rasurado trasero con capas y capas de dodotis y gayumbos; de cuando un fatigante Rubalcaba exfoliaba lo del gobierno que miente y lo de lo que a su deprimente juicio España merecía o dejaba de merecer; de cuando los asesinos fueron el presidente y sus ministros y no quienes realmente habían masacrado a los inocentes; de cuando ganó las elecciones el aspirante a supervisor de nubes y era insufrible contemplar su careto amontillado en las cabeceras de los telediarios; de cuando durante el juicio a la morisma la jaca del juzgador galopaba y cortaba el viento caminito de Jerez. Todos fueron argumentos envenenados que mareaban y provocaban vómitos de puro desasosiego.

Ha muerto el último de los hijos vivos del poeta Panero. Le dedica Dragó un artículo que remata con una frase de su libro de memorias: “Los versos de Leopoldo María Panero son farfolla, jerga ininteligible, a los que cabe aplicar lo que a propósito de la vida dijese Macbeth: Un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada“. Opinaba Julián Marías que el poeta era el sintetizador de las vitaminas necesarias para la vida biográfica, como las del químico lo son para la vida biológica. Leopoldo Panero, el padre, nos lo cantó en lo oscuro: “mezclados al peligro vivimos, y al sabor que no es tiempo, y a la libertad que nos basta”.

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Meando contra el viento

Lo ha dicho el presidente en lo del estado de la cosa. Doblado el Cabo de Hornos entramos en aguas más pacíficas. Eso ha dicho. Yo me lo pinto con el arete en la oreja y el arpón ballenero en la mano –llamadme Mariano-, meando a contraviento. Confieso que no presté la debida atención a su discurso sibilante. Me aburre él y me aburre el que se opone porque le toca, aunque al menos este sea capaz de enhebrar una perorata, más o menos florida, sin tener que leer hasta las anotaciones al margen como hace el otro. Y harto presumen de eso en su chiringuito. Luego están los figurantes cuyas acciones suben y suben en esa bolsa de la política en donde tanto predomina el desencanto y la depresión aguda. Contemplé a los camiseteros a la siniestra con un punto de vergüenza ajena. No me parece propio. El mejor, es decir el mejor de lo peor, es ese tractorista bolchevique que lee los chascarrillos que le han puesto por escrito como si se tropezara una y otra vez con la misma piedra. Echo de menos su radiografía fonética en el mejor blog especializado.

IMG_0271También hablaron de la secesión catalana. Bueno. Antes le habían negado por enésima vez el saludo a los españoles en la propia cara del Príncipe y luego se descojonaron a sus espaldas. Ahora leo que tenemos que rescatarlos también por enésima vez con nuestro dinero. Ochocientos millones de napos de nada. Una fruslería para cubrir aquellos sus majaderos bonos patrióticos. Que les den.

Los teóricos entienden por operaciones de mentira las diferentes maneras en que el autor de la mentira transforma la realidad. Por ejemplo, se puede hacer creer que una cosa que existe, no existe; también se puede hacer creer que una cosa que no existe, existe; y, por último, se puede deformar una cosa que existe. Luego están los signos de la mentira, es decir, palabras, imágenes, falsos personajes, falsas acciones, falsos documentos, objetos…

De todo ello hubo en la prograda sobre el 23-f tan de barra del bar de la facul de ese individuo apelado follonero. Arrasó. Est deus in nobis. Lo más sorprendente fue ver al mismísimo Anson, que tanto se empeñó en que este oficio mugriento adquiriera rango de profesión universitaria, jugar a contar mentiras con el desaliñado comunicador. Opina Girauta, juicio que comparto, que fusionar realidad y ficción es inmoral.

Ya decía Revel que la primera de las fuerzas que rigen el mundo es la mentira. El gran filósofo y periodista francés desaparecido mantenía que “salvo rarísimas excepciones, se admite como una realidad en el ambiente de la prensa […] que las preferencias políticas de los periodistas sirven de criterio para la presentación de la información”, obviedad que, como tal, es imposible obviar. Festonea con multitud de ejemplos esta aseveración. Entresaco el cuento de Walter Duranty, célebre corresponsal del New York Times en el Moscú de los años veinte y treinta. Tras su visita a Ucrania en 1933, Duranty afirmó categóricamente que todos los rumores sobre el hambre en aquella región eran ridículos. Acerca del mismo tema, escribe Martin Amis: “para pensar en el Terror famélico de 1933 hay que pedir al lector que personifique otra vez el hambre, con intensidad, y que la llame Stalin”.

También ha pasado lo de ARCO, esa feria dicen que de arte contemporáneo, de cuyo recuerdo efímero solo rescato a esas chicas que se enroscaban hemidesnudas en la barra; fue, por cierto, el cuadro más contemplado y admirado de ese arte al que mataron entre Duchamp y los dadaístas y él solito se murió.

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Tenebrario

IMG_0257La noche de la marmota. Redundante  asamblea de cineastas ombligueros, desagradable por lo agonal, en que se premian a sí mismos esas sus películas que muy pocos más ven. Este año le tocaba al que no podía apostarlo todo al rojo en la promo sagaz. Pues ya está. Caen sobre el sufrido espectador uno tras otro los mismos malos chistes salidos de las mismas minervas de los mismos mediocres peliculeros. Les preside un barbudo desastrado que se queja mucho del IVA y exige por ello que le dejen en paz con lo de las subvenciones. Es el mismo IVA que pagamos todos sin recibir a cambio ni un adarme de ese dinero que no es de nadie. Como no ha ido el ministro a dejarse hostiar en carne presente, le hacen vudú desde el púlpito. Son unos azogues con la leche agriada que ya aburren por sectarios.

Administran la cosa pública unos tipos en los que casi nadie confía. Han convertido la política en un oficio de tinieblas. A oscuras andamos.

Para recuperar la confianza en los mensajes se suele recomendar que se expliquen los riesgos para que así la audiencia se sienta mejor preparada ante lo que le espera; para recuperar la confianza en el comunicador, se estima que lo mejor es desarrollar un clima de comunicación que permita a la audiencia identificarse con el comunicador y compartir experiencias y creencias.

Pues no padre. Trata las cosas de todos los españoles en reuniones a oscuras con el catalán que ya ha datado la segregación y con el vasco que quiere cobijar en su seno a cuanto etarrata cumple la condena más allá de su muga y, cuando le preguntan, dice la vice diminuta que lo que hace el presi está bien hecho y además lo hace por nuestro bien.

A oscuras querían interpelar a la infanta sobre gastos personales cargados a la cuenta de una empresa sin ánimo de lucro alimentada con el dinero que no es de nadie. Alguien quiso poner luz al interrogatorio y grabó de mala manera imágenes del acontecimiento. Si le descubren lo empurarán sin remedio. Teneo te, Africa.

Hay un sujeto fosco y bolivariano –exprópiese- que llama fascista a Vargas Llosa y pide que lo juzgue un tribunal popular; le place la violencia y, con su escasa media bofetada, acojona a todo cristo en la facultad donde enseña (?) Hay también un Tardá, obeso diputado que viste camisas negras y pardas, a quien no le ha gustado nada que algunos empresarios alemanes advirtieran de las consecuencias del proceso separatista catalán así que, sutil y ponderado, les ha acusado de enriquecerse gracias al nazismo y de ser cómplices de asesinatos. Como golondrinos en los sobacos le ha sentado el recuerdo de Croacia que se independizó a principios de los 90 y ha tardado más de una década en entrar en la Unión Europea o el de Serbia que pidió su entrada en 1996 y ha empezado a negociar en 2014.

Pura redundancia en un proceso estocástico que se repite fatalmente en nuestro país. Según los teóricos comunicamos constantemente pero somos incapaces de comunicarnos acerca de la comunicación. Dice Homero que los dioses nos envían las desgracias a los mortales para que podamos contarlas; por eso, advierte Foucault, Ulises debe contar sus desgracias para apartar el destino que le depara un lenguaje de antes del lenguaje.

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Los riesgos de no hacer comunicación de riesgos

“El gusto que recibo de decir mal cuando lo digo bien, es tal, que quiero vivir, porque quiero decir mal” decía Clodio, personaje del Persiles que aparece en la novela bizantina encadenado a la no muy virtuosa Rosamunda. Asumía así su condición de maledicente con verbo propincuo al que usan políticos o sindicalistas de los de ahora. Vengo de visitar mi blog favorito. Está allí el ministro de la justicia a quien su brillante autora llama fonéticamente hipócrita. El análisis es impecable. La imagen se transmite sobre todo con el lenguaje. Zarandillo y zaragatero como un diablo cojuelo, el ministro que cuando alcalde de la villa y corte era pródigo y progre, ha ido saltando de charco en charco hasta hundirse en un fango de discapacidades del que no saldrá indemne.

Aprovecharon la coyuntura unas ordinarias maritornes que, emitiendo destemplados chillidos de arrancacojón, fueron a endilgarle tetazos al Arzobispo, a exigirle, Toño, que saliera de sus coños y a tirarle bragas sucias de un rojo menstruoso pienso que a lo mejor porque a la Iglesia no le ha dado todavía por bendecir urbi et orbi el aborto sacrosanto.

IMG_0250La comunicación de riesgos sirve para lo que sirve. Veamos. Aumenta el conocimiento del riesgo entre los grupos objetivo (informa); revela información a las potenciales víctimas sobre los peligros que les acechan (reconoce el derecho a saber); incrementa la aceptación de una fuente de riesgo específico o modifica ciertas decisiones (promueve el cambio de actitud); explica y justifica las rutinas de la gestión de riesgos aumentando la competencia y sinceridad del proceso de gestión (legitima); acrecienta la protección del público gracias a que informa de medidas adoptadas para reducir los riesgos individuales (disminuye el riesgo); alimenta una conducta proteccionista (altera comportamientos); provee de protocolos de actuación frente a una emergencia (prepara ante emergencias); educa a quienes deben adoptar decisiones sobre los problemas y percepciones del público (implica a la ciudadanía); ayuda a la resolución de conflictos (es muy útil).

Todo esto tenía yo en mente cuando empezó la convención de peperos que los ha mantenido muy ocupados el finde al completo. Atendí a la oratoria transida del presidente. No me pareció muy convincente el discurso porque pienso que el día en que tuvo que hacerlo dijo en cambio aquello del traspaso ejemplar de poderes y supimos entonces de golpe que estos tipos primero terminarían de arruinarnos y luego dirían que nos han sacado de la ruina.

El partido en el poder no quiso implantar en su momento una comunicación de riesgos que, reconociendo a los ciudadanos mayoría de edad y derecho a saber, hubiera informado a la sociedad de la situación real en que se encontraba España, y nos hubiera explicado la necesidad de llevar a cabo una gestión de lo público tan ajena a su ideario político. Con eso tal vez habría conseguido un cambio notable en la actitud de la gente. Nada de esto se hizo. Por contra fue todo altivez y soberbia de paleto. Fue un triturar a impuestos a quien ya casi no podía pagarlos para no verse en la obligación de disminuir un gasto público en donde se cobijan sus brevas; fue un acojonar a pacíficos comensales enviando a los harrelson de hacienda a invadir restaurantes; fue un sibilino laissez faire para que los etarratas abandonaran las cárceles heroicos y victoriosos; fue, en suma, un gobernar contra quienes les votaron.

Lo que más indigna de estas convenciones que repiten con harta frecuencia partidos y sindicatos es verlos a todos juntitos, bien arropados, porque entonces resulta más fácil sumar prebendas. Y es en el momento justo en que los protas se dan a aplaudir a los figurantes y estos se rompen las manos dirigiéndose fervorosos a las primas ballerinas en imagen no por repetida menos bochornosa, cuando uno cae en la cuenta de que, en realidad, están defendiendo con uñas y dientes los chollos de que disfrutan a costa de todos los españoles.

Hasta aquí he llegado pues leo en Cervantes que no hay razonamiento que, aunque sea bueno, siendo largo lo parezca.

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Lo que todavía nos queda de don Quijote

Pensaba Dámaso Alonso que lo gracioso de don Quijote es que “es neciamente sabio, sabiamente necio; absurdamente angelical, angelicalmente absurdo; grotescamente sublime, sublimementIMG_0237e grotesco”. A mí este “entrechocar de planos” del personaje cervantino, según la explicación del autor de “Hijos de la ira”, me vino de sopetón a las mientes mientras contemplaba con el rabillo del ojo temblón la entrevista de la Lomana a Rajoy o de Rajoy a la Lomana cuando el entrechocar de planos la volteaba.

A mí ya me parecía que el cara a cara es, quizá, el más rico procedimiento de comunicación. Comprende una gran variedad de normas que lo regulan, desde el lenguaje hasta el paralenguaje o desde el comportamiento cinésico a la proxémica. Y además cada uno de los medios de comunicación impone sus propias reglas.

Leí que la entrevistadora se quejaba de que no haber sido capaz de encontrar el titular buscado. Quería ella que el presidente sibilante pidiese árnica para hacerse perdonar la corrupción, y para lograrlo le preguntó muy a lo jácara si se sigue epistolando con el guardián del tesoro de su partido enchironado. Asosegado por tamaña simpleza Mariano dijo no y eso fue todo.

La entrevista fue lo que fue. Un diálogo atónico organizado por la cosa de seguir cabalgando entre quienes ladran la insolvencia de la vida pública del bien votado. Cocina de lata para impostores. Sintiéndose jayán, el presidente trató con familiar condescendencia a la Lomana de donde se siguió para ella un desacomodo que la abocó a formular alguna pregunta sin mucho sentido, a proferir alguna exclamación desafinada y a pasar por alto lo que más se destacó al día siguiente, a saber, el convencimiento del entrevistado en que la infanta saldrá airosa de su laberinto. Sin alardes de emblemas, ilustradores, muestras de afecto, reguladores o adaptadores, entrevistadora y entrevistado se entregaron a defender sus respectivos espacios sociales y personales: con gran recato ella, elegantosa y por momentos pizca marisabidilla; muy “fíjessse usssssted” él, un tanto desparramado en la silla y obsequioso con la dama currutaca.

Lo demás, ya digo, un querer hacerse perdonar por tanto circuito cerrado, por tanta in-comparecencia desde la habitación del pánico.

Leo en Arcadi Espada que si España aún no ha concedido la independencia a Cataluña es porque aún no se lo han preguntado. Viene a cuento de un mal chiste publicado en el diario global en que, dadivoso, elrotodelpaís repartía culpas entre españoles y secesionistas catalanes. Estoy de acuerdo con Espada, también cuando escribe que “lo que España ha hecho por Cataluña, es decir, lo que ha hecho también por sí misma en los últimos treinta años, está dicho en pocas palabras indiscutibles: jamás en su historia los catalanes pudieron ser más catalanes”. Luego salió el botarate para acusar a Rajoy de déspota ilustrado a modo, supongo, del mejor alcalde de Madrid. No es el caso. La losa que han colocado entre todos por cima de Montesquieu es incomparablemente más pesada que la que le pusieron al dictador para atemperar las ansias progresistas de sacarlo de Cuelgamuros.

De mi lado empiezo a pensar que ya que sufrimos un país enfermo por causa de la clase dirigente, estos intocables a quienes les chorrean las prebendas a costa de todos los ciudadanos, mejor combatirá la grosera morbosidad que nos afecta albéitar que médico licenciado.

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Vírgulas

IMG_0834Antes vi la foto. Acojona tanto carapiedra inanimado. Luego escuché al vejestorio etarrata leer un a modo de oficio tropezándose una y otra vez con el escabroso texto pergeñado por algún otro viejo jifero. Hubo un periodista que reflexionó valiente en alta voz sobre la necesidad de pedir perdón por el daño causado hasta que lo mandaron al circo y amenazaron de muerte a su hija recién nacida. Le pasa por pretender acomodar un discurso sensato en el matadero municipal ante matarifes en trance de jubilación anticipada.

Les habían permitido reunirse, invocando no sé qué leguleyeces, para darse los aúpas. Y así fue como se compuso esta galería de rostros enternecedores. Se montó la mundial y, para amortiguar el cabreo, el don Friolera ministro que se alimenta de fonemas ordenó redada. Su departamento de comunicación se puso manos a la obra informativa y redactó una pulcra nota de prensa narrando lo que aún no había acontecido: la difundieron media hora antes de que los picoletos empezaran el trabajo. Cuando advirtieron la cagada, tuitearon un absurdo s.o.s. “la información enviada sobre esta operación antiterrorista queda anulada a todos los efectos”. Y, naturalmente, nos hundimos a todos los efectos.

Como ese futbolista argentino que se acomoda ostentoso la vírgula si le incomodan los reproches a su desempeño deportivo, así los terroristas de toda la vida ni cautivos ni desarmados lideran ese proceso de transición hacia lo que sea.

Se congratula Steiner de que el lenguaje tenga sus fronteras, que colinde, dice, con otras tres modalidades de afirmación: la luz, la música, el silencio, porque como el habla nos defrauda tan maravillosamente experimentamos la certidumbre de un significado divino que nos supera y nos envuelve. Allí donde acaba la palabra del poeta empieza una gran luz. Pero a veces es la luz del infierno.

La felicitación de pascua de SM a los militares quedó como quedó. No hubo signo lingüístico en su discurso que no atropellara. Los semióticos afirman que el discurso es un intercambio de donde se siguen las funciones del lenguaje. La interacción comunicacional entre emisor y receptor (o destinador y destinatario como prefería Jakobson) convierte el proceso lineal de comunicación en un círculo sin principio ni fin en donde no cabe reacción frente a la conducta de otro sin comprender que, a su vez, se está influyendo a través de la propia reacción. Leí que SM con malgenio borbónico, culpaba de lo sucedido a sus asesores de comunicación. No me parece. Ni estaba en condiciones físicas aceptables, ni se había preparado suficientemente. Nervios y tensión, aducen. Ahora llega lo de la recepción al cuerpo diplomático. Es otra oportunidad, razonan, para acabar de una vez por todas con el debate de la abdicación. Para ello “se estudia incluso la posibilidad de que el Rey lea su discurso sentado, en contra de su empeño en hacerlo de pie ante la familia militar. Parece inevitable, en cualquier caso, que acuda con muletas”.

Hay una encuesta que dice que los españoles no se fían un  pelo de los políticos y que prefieren la manifa a cualquier otra forma de participación en la vida política. Nihil novum, creo.

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Imagen real, imagen ficticia

IMG_1619Andaba yo echándome un remiendo en el ánimo y quitándomelo luego a fin de pasar del mejor modo estas fiestas tan entrañables, cuando me di de sopetón con el discurso del rey. No con el de la película, aclaro, sino con el de la crudelísima realidad que nos circunda. De primeras se me antojó entelequia. Hice por escucharlo atentamente pero hipnotizado por una corbata imposible, un inmenso trilobites encendido en el jardín que me exigía poner mis cinco sentidos en él, y aun el sexto si lo tuviera, y una fotografía difuminada que fui incapaz de desentrañar en la pantalla millonaria de megapíxeles por mucho que me acercara a ella con grave riesgo de desprendimiento de retina, apenas alcancé a oir vocablos sueltos y espesos, como de borbotón sopero. Pensé que si yo fuera guiri y me diera por estudiar el idioma de Cervantes, una de mis peores pesadillas sería echarle cuenta al discurso anual de SM.

De modo que para aclararme sobre lo que dijo SM o guardó para Sí dime a leer cuanto artículo, crónica o editorial tuvieran a bien publicar los de la gaya ciencia y a escuchar o a contemplar, depende, cuanto comentario volandero sobre el suceso se hiciese en las tertulietas políticas que proliferan en medios fríos y calientes. Sigo en la inopia. Quien alaba su majestuosa prudencia, quien le acusa de no haber dicho nada que pudiera tomarse en serio, quien detecta el mensaje subliminal dirigido al heredero de que no está dispuesto a abdicar, quien prefiere aludir al quingentésimo desafío a los españoles, aprovechando la coyuntura, del catalán botarate y chanflón.

A lo mejor el problema reside en que, por mucho que me esfuerce, siendo yo lector, oyente o espectador B, nunca podré tener la misma cantidad de información que, pongo por caso, ese tertuliano A que pontifica a su gusto sobre lo divino y lo humano. Es lo que se ha dado en llamar puntuación de la secuencia de hechos. Veámoslo a propósito de Montoro, el ministro que recauda cada vez menos porque sube cada vez más los impuestos directos e indirectos, y que acaba el año como empezó, a dentelladas con los décimos premiados de la lotería. Ahora que no parece hacerle mucha gracia a casi nadie, ahora que, para se note mejor el parecido, le dibujan gafas a Montgomery Burns, viene un tertuliano de los de toda la vida que aparece en todos los programas y se siente en la demagógica obligación de defenderlo. Para ello expone sus argumentos más pesados, a saber, que ha nacido en Jaén, que no es un pijo del Pilar (al modo de Wert y Guindos que sí lo son) y que ha vivido en Entrevías. Nada de esto sabía yo. El malentendido se produce, entonces, por causa de mi escasa y sesgada información. Yo, lector-oyente-espectador B creía que con Montoro pagaba más impuestos por la cosa de mantener el tinglado de la farsa política, cuando en verdad, según me informa el tertuliano A, si pago más impuestos es porque Montoro ha vivido en Entrevías. Pues prefiero a los pijos del Pilar. Y si Montoro quiere mejorar su imagen pública, empiece por desterrar de su vestuario esas corbatas taparrabos que arrastra penosamente por los pasos perdidos.

Con tanta y, paradójicamente, tan escasa información sufro lo que Charles Handy llamaba deformación perceptiva del receptor. Estoy en no oír ni percibir más de lo que estoy dispuesto a oír o percibir, y reproduciré convenientemente distorsionados los mensajes más molestos.

Cuenta Jenofonte la historia del estratego griego Clearco de Laconia a quien Ciro mandó decapitar por perjuro y rompedor de treguas. Este Clearco era un broncas que estuvo en la guerra entre Esparta y Atenas. Cuando para su desgracia se firmó la paz convenció a su ciudad de que los tracios perjudicaban a los griegos y, con la autorización de los éforos, se hizo a la mar para combatirlos. Luego los éforos cambiaron de opinión y le pidieron que volviera, pero como Clearco no hizo el menor caso Esparta lo condenó a muerte por insubordinación. Decidió acudir a Ciro a quien sacó un pastón con el que reclutó un ejército para combatir a los tracios, los venció y saqueó el país.

A Jenofonte estas acciones le parecen propias de un hombre amante de la guerra que, pudiendo vivir tranquilo sin deshonra ni perjuicio, prefiere la lucha. Clearco, escribe Jenofonte, era amante del riesgo y prudente en los momentos críticos, hábil en el mando y capaz de preocuparse de que su ejército tuviera víveres. Tenía la voz áspera y un aspecto que infundía temor. Seguramente por ese motivo sus hombres lo querían a su lado en el fragor de la batalla, pero lo abandonaban con un por si acaso en cuanto salían del peligro.

Yo no le veo mucho parecido con el estratego Rajoy para quien ninguna guerra va con él, infunde temor escaso, y su voz, más atiplada que áspera, escapa de su boca sibilante y serpentina. En realidad a mí Rajoy me recuerda al buen soldado Švejk fumándose un puro.

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