Los riesgos de no hacer comunicación de riesgos

“El gusto que recibo de decir mal cuando lo digo bien, es tal, que quiero vivir, porque quiero decir mal” decía Clodio, personaje del Persiles que aparece en la novela bizantina encadenado a la no muy virtuosa Rosamunda. Asumía así su condición de maledicente con verbo propincuo al que usan políticos o sindicalistas de los de ahora. Vengo de visitar mi blog favorito. Está allí el ministro de la justicia a quien su brillante autora llama fonéticamente hipócrita. El análisis es impecable. La imagen se transmite sobre todo con el lenguaje. Zarandillo y zaragatero como un diablo cojuelo, el ministro que cuando alcalde de la villa y corte era pródigo y progre, ha ido saltando de charco en charco hasta hundirse en un fango de discapacidades del que no saldrá indemne.

Aprovecharon la coyuntura unas ordinarias maritornes que, emitiendo destemplados chillidos de arrancacojón, fueron a endilgarle tetazos al Arzobispo, a exigirle, Toño, que saliera de sus coños y a tirarle bragas sucias de un rojo menstruoso pienso que a lo mejor porque a la Iglesia no le ha dado todavía por bendecir urbi et orbi el aborto sacrosanto.

IMG_0250La comunicación de riesgos sirve para lo que sirve. Veamos. Aumenta el conocimiento del riesgo entre los grupos objetivo (informa); revela información a las potenciales víctimas sobre los peligros que les acechan (reconoce el derecho a saber); incrementa la aceptación de una fuente de riesgo específico o modifica ciertas decisiones (promueve el cambio de actitud); explica y justifica las rutinas de la gestión de riesgos aumentando la competencia y sinceridad del proceso de gestión (legitima); acrecienta la protección del público gracias a que informa de medidas adoptadas para reducir los riesgos individuales (disminuye el riesgo); alimenta una conducta proteccionista (altera comportamientos); provee de protocolos de actuación frente a una emergencia (prepara ante emergencias); educa a quienes deben adoptar decisiones sobre los problemas y percepciones del público (implica a la ciudadanía); ayuda a la resolución de conflictos (es muy útil).

Todo esto tenía yo en mente cuando empezó la convención de peperos que los ha mantenido muy ocupados el finde al completo. Atendí a la oratoria transida del presidente. No me pareció muy convincente el discurso porque pienso que el día en que tuvo que hacerlo dijo en cambio aquello del traspaso ejemplar de poderes y supimos entonces de golpe que estos tipos primero terminarían de arruinarnos y luego dirían que nos han sacado de la ruina.

El partido en el poder no quiso implantar en su momento una comunicación de riesgos que, reconociendo a los ciudadanos mayoría de edad y derecho a saber, hubiera informado a la sociedad de la situación real en que se encontraba España, y nos hubiera explicado la necesidad de llevar a cabo una gestión de lo público tan ajena a su ideario político. Con eso tal vez habría conseguido un cambio notable en la actitud de la gente. Nada de esto se hizo. Por contra fue todo altivez y soberbia de paleto. Fue un triturar a impuestos a quien ya casi no podía pagarlos para no verse en la obligación de disminuir un gasto público en donde se cobijan sus brevas; fue un acojonar a pacíficos comensales enviando a los harrelson de hacienda a invadir restaurantes; fue un sibilino laissez faire para que los etarratas abandonaran las cárceles heroicos y victoriosos; fue, en suma, un gobernar contra quienes les votaron.

Lo que más indigna de estas convenciones que repiten con harta frecuencia partidos y sindicatos es verlos a todos juntitos, bien arropados, porque entonces resulta más fácil sumar prebendas. Y es en el momento justo en que los protas se dan a aplaudir a los figurantes y estos se rompen las manos dirigiéndose fervorosos a las primas ballerinas en imagen no por repetida menos bochornosa, cuando uno cae en la cuenta de que, en realidad, están defendiendo con uñas y dientes los chollos de que disfrutan a costa de todos los españoles.

Hasta aquí he llegado pues leo en Cervantes que no hay razonamiento que, aunque sea bueno, siendo largo lo parezca.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Comunicación, Política y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s