Lo que todavía nos queda de don Quijote

Pensaba Dámaso Alonso que lo gracioso de don Quijote es que “es neciamente sabio, sabiamente necio; absurdamente angelical, angelicalmente absurdo; grotescamente sublime, sublimementIMG_0237e grotesco”. A mí este “entrechocar de planos” del personaje cervantino, según la explicación del autor de “Hijos de la ira”, me vino de sopetón a las mientes mientras contemplaba con el rabillo del ojo temblón la entrevista de la Lomana a Rajoy o de Rajoy a la Lomana cuando el entrechocar de planos la volteaba.

A mí ya me parecía que el cara a cara es, quizá, el más rico procedimiento de comunicación. Comprende una gran variedad de normas que lo regulan, desde el lenguaje hasta el paralenguaje o desde el comportamiento cinésico a la proxémica. Y además cada uno de los medios de comunicación impone sus propias reglas.

Leí que la entrevistadora se quejaba de que no haber sido capaz de encontrar el titular buscado. Quería ella que el presidente sibilante pidiese árnica para hacerse perdonar la corrupción, y para lograrlo le preguntó muy a lo jácara si se sigue epistolando con el guardián del tesoro de su partido enchironado. Asosegado por tamaña simpleza Mariano dijo no y eso fue todo.

La entrevista fue lo que fue. Un diálogo atónico organizado por la cosa de seguir cabalgando entre quienes ladran la insolvencia de la vida pública del bien votado. Cocina de lata para impostores. Sintiéndose jayán, el presidente trató con familiar condescendencia a la Lomana de donde se siguió para ella un desacomodo que la abocó a formular alguna pregunta sin mucho sentido, a proferir alguna exclamación desafinada y a pasar por alto lo que más se destacó al día siguiente, a saber, el convencimiento del entrevistado en que la infanta saldrá airosa de su laberinto. Sin alardes de emblemas, ilustradores, muestras de afecto, reguladores o adaptadores, entrevistadora y entrevistado se entregaron a defender sus respectivos espacios sociales y personales: con gran recato ella, elegantosa y por momentos pizca marisabidilla; muy “fíjessse usssssted” él, un tanto desparramado en la silla y obsequioso con la dama currutaca.

Lo demás, ya digo, un querer hacerse perdonar por tanto circuito cerrado, por tanta in-comparecencia desde la habitación del pánico.

Leo en Arcadi Espada que si España aún no ha concedido la independencia a Cataluña es porque aún no se lo han preguntado. Viene a cuento de un mal chiste publicado en el diario global en que, dadivoso, elrotodelpaís repartía culpas entre españoles y secesionistas catalanes. Estoy de acuerdo con Espada, también cuando escribe que “lo que España ha hecho por Cataluña, es decir, lo que ha hecho también por sí misma en los últimos treinta años, está dicho en pocas palabras indiscutibles: jamás en su historia los catalanes pudieron ser más catalanes”. Luego salió el botarate para acusar a Rajoy de déspota ilustrado a modo, supongo, del mejor alcalde de Madrid. No es el caso. La losa que han colocado entre todos por cima de Montesquieu es incomparablemente más pesada que la que le pusieron al dictador para atemperar las ansias progresistas de sacarlo de Cuelgamuros.

De mi lado empiezo a pensar que ya que sufrimos un país enfermo por causa de la clase dirigente, estos intocables a quienes les chorrean las prebendas a costa de todos los ciudadanos, mejor combatirá la grosera morbosidad que nos afecta albéitar que médico licenciado.

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