Otras cosas

Leo por ahí, aunque sin mucha atención, que Solbes, aquel ministro del ojo vago de la cosa económica de ese gobierno que nos arruinó por décadas, ha presentado en sociedad un libro de memorias atolondradas bautizado “Recuerdos” con agudo ingenio. Para la ocasión se vistió de eso que siempre destacó en su persona, de mosca tsé-tsé, de nada grisácea, de planta adormidera. Antes de que los allí presentes cayeran en un sueño tan profundo como reparador, se le oyó musitar que él había avisado al presidente de ese gobierno que nos arruinó por décadas de que la cosa no pintaba nada bien, y para que su dilecto presidente lo leyera, le envió un informe. Pero el presidente de ese gobierno que nos arruinó por décadas, ha respondido que una mierda, que por correo interno no le llegó informe alguno con el uvebe del despacho del ministro de economía del ojo vago en donde se leyera nada ni por asomo parecido a que nos hundíamos en una crisis que no existía.

IMG_0121En mis recuerdos queda el poso no tanto del debate que sostuviera Solbes con Pizarro sobre la crisis –“hablan de crisis en el Partido Popular, incluso de recesión, que ya a veces resulta incluso un poco molesto”-, cuanto la reacción que suscitó en los progres de la época, nombrados de la ceja. Estos se regodeaban en las tertulietas políticas de entonces preguntando, un poco retóricos y un mucho provocadores, si aquel Pizarro que había hecho el ridículo en la tele era el genio que se sacaban los peperos de la manga para mejorar la economía. Y la bufonada rindió dividendos: de quien dijo verdad nunca más se supo.

Escribió Mucchielli que “el halago construye una identidad digna (el que lo recibe); como contrapartida, el halagado considera al halagador persona digna de ser escuchada; sus mensajes serán, pues, a priori llenos de valor”. No es el caso. Tengo para mí que Pizarro, a fuer de versallesco, quiso empezar halagando los oídos de Solbes, alabanza que fue contestada con un bufido de suficiencia por el-del-ojo-vago que inmediatamente se situó por encima de su contrincante.

Las tardías excusas del ministro de economía del gobierno que nos arruinó por décadas, me traen a la memoria la primera teórica de la mili. La impartió un caboprimero con ínfulas de novio de la muerte que, de entrada, nos advirtió con cara de feroche: “cuando salgáis del cuartel prefiero que me llaméis cabrón a gilipollas”. Y hubo entonces entre la soldadesca un mosconeo nebuloso, un runrún que corrió de boca en boca gilipollasgilipollasgilipollasgilipollas. Lo de Solbes me suena a prefiero que me llaméis desleal a incompetente.

Escucho a Rosa Díez indignada clamar en el desierto que peperos, sociatas y los amigos de los etarratas decidieron de consuno, en corrillo contranatura, vetar la proposición de su partido para que a los terroristas y a otros puntos excarcelados no les paguemos subsidio de desempleo ahora que ya no pueden trabajar en lo suyo, en la bomba trampa, en el tiro en la nuca y demás actividades tan lúdicas para ellos como dolorosas e irreparables para sus víctimas. Los peperos se han puesto como hidras y la vicepresidenta ha contestado muy galana que tan importante como hacer las cosas es hacerlas bien. Vale, pero vamos a lo que importa, seño, ¿soltarán pasta a estos etarratas o no?

Ha dicho Llamazares, ese comunista de los de toda la vida, aún más corto de inteligencia que de estatura, que ningún terrorismo es de izquierdas y para demostrarlo hace un silogismo que Aristóteles calificaría de viciado por sus proposiciones falsas y nada plausibles. Aristóteles decía que el entimema, esa suerte de silogismo retórico, es una forma de razonamiento cuyas premisas son simplemente probables. Tampoco es este el caso. Ya el empezar es el acabóse. Eso de que ningún nihilismo negativo es de izquierdas se funde en la miseria del historicismo popperiano donde acabaron tantos comunistas que tanto se esforzaron por imponer a sangre y fuego a la humanidad el nihilismo positivo.

Vasili Grossman, que para su desgracia los conocía demasiado, se lo dejó escrito: “El bien no está en la naturaleza, tampoco en los sermones de los maestros religiosos ni de los profetas, no está en la doctrina de los grandes sociólogos y líderes populares, no está en la ética de los filósofos. Son las personas corrientes las que llevan en sus corazones el amor por todo cuanto vive; aman y cuidan de la vida de modo natural y espontáneo. Al final del día prefieren el calor del hogar a encender hogueras en las plazas”.

Y a mí que todo esto empieza a parecerme ese burdel del cuento de García Pavón cuyas paredes estaban adornadas por putas incrustadas en el capitoné que de repente cobraron vida para espanto de lugareños. Allí estaba “la Solapas” una antigua puta “muy gorda, que duró mucho y fue calentísima en el trabajo, que aparecía en todos los sitios. Con su cuerpo había capitoneado grandísima parte del inmueble”. Bueno, algo así.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Política y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s