Yo solo digo lo que dicen ellos

Repasemos. La identidad corporativa es la suma de la historia de una organización y de sus estrategias: no se cambia con facilidad porque se desarrolla gradualmente con el paso del tiempo pero un suceso externo de importancia sí podría variarla radicalmente. La imagen corporativa es la fotografía que, sobre la organización, las audiencias guardan en su memoria: estará determinada por todas las acciones que se hayan llevado a cabo. La comunicación corporativa es el proceso que traduce identidad corporativa a imagen corporativa: es necesario comunicar la identidad a empleados, clientes, accionistas, etc.

De cajón. Sigamos repasando. Si se investigan las actitudes de las audiencias, encontraremos que existen diferentes objetivos para diferentes audiencias, lo cual no significa tener que elaborar un plan de comunicación para transmitir mensajes en apariencia contradictorios suscitando desconcierto.

Pues bien el ministro de interior, ese gran hombre que sintetiza las vitaminas necesarias para la vida con las palabras que engulle, va y esputa, perdón espeta: “esa cara de felicidad de Inés del Río no es la de quien ha conseguido sus objetivos, sino el rostro de la impotencia porque ETA sabe perfectamente que ha sido derrotada por el Estado de Derecho”. A este propósito leo en Howard Gardner que los enfermos con lesiones en el hemisferio derecho del cerebro son incapaces de apreciar el humor o la metáfora y toman literalmente el tropo perdiendo de vista la intención del hablante.

Pandemia pepera. La secretaria general del partido malsina frente a los periodistas desde el facistol de su propia casa que las víctimas que les abuchean son ignorantes e injustas y -pongamos las cosas en su sitio que todo hay que decirlo-, alguno de los faltones enarbolaba la bandera aguileña de cuando Franco con ese escudo que, mira por donde, también llegó a encabezar la primera edición de la constitución de ahora. Cosas.

El González de Madrid anuncia bajada de impuestos, que no de pantalones, y ya ha aparecido por ahí algún catalán que dice que es una patada en su bajo vientre y escucho a otro que exclama indignado que eso no puede ser, que así es como se dan las desigualdades entre desiguales. Pero coño ¿no habíamos quedado en que esto lo de las autonomías sirve para decidir sobre asuntos que son propios y exclusivos de cada autonomía? De su lado, a los peperos en el gobierno nacional se les ve con la color demudada intentando encajar en su enloquecedor puzzle pieza tan aristada.

tapizHa sido ver al duro terminator darse un garbeo por Cuelgamuros y al duro hombrecillo lampiño de Donosti le ha entrado el picapica y el rascarrasca de desenterrar los huesos que allí descansan desde hace treinta y ocho años, dos más de lo que duró el pertinaz régimen. Es argumento recurrente cuando se acercan elecciones de lo que sea y, además, es muy tramposo porque a ver quién es el fascista que se atreve a decirle que deje en paz los restos del dictador y que ocupe su tiempo en asuntos mucho más perentorios. Guardo en la memoria la imagen en sepia del duro hombrecillo lampiño de Donosti abriendo teatral su camisa para enseñarles el estrecho pecho a los proetarras en gesto que siempre asocié, no me pregunten por qué, al fusilado del cuadro Goya. Luego, y tampoco me pregunten por qué, varió el rumbo de sus inclinaciones y, cuando en la ciudad de que era alcalde se daba manifa a favor de la víctimas, él se daba el piro.

De su mismo partido sale en Córdoba un tipo con aspecto de interino que, para defender a una que era alcaldesa de no sé dónde ahora imputada por no sé qué delitos, depone obsceno ante los suyos que la derecha no hace prisioneros y llena las cunetas de los probes sociatas. Que se lo diga a un mi abuelo que tuvo que cavarse la fosa antes de que los probes sociatas de entonces le dieran arbitrario matarile en aquellos siniestros meses de matanza.

Y hay un ugetero que no sabe qué hacer con tanto dinero como les ha caído del cielo del bote de las facturas infladas y pregunta a los suyos en qué se lo pueden gastar. Hediondo.

En lo que siempre sigo leo el análisis más perspicaz de las habilidades comunicativas del ministro Wert. Sin duda necesita mejorar. Pero me inquieta sobremanera imaginarlo declamando el último capítulo del Ulises dedicado a las aporías sin signos de puntuación de la climatérica Molly Bloom. Ah! Un descubrimiento lo del caviardage del gobierno de Rajoy.

Vuelvo al comienzo. Digo. O las organizaciones políticas y sus dirigentes asumen la comunicación corporativa en su función estratégica que no táctica, o seguirán produciendo una imagen institucional incoherente que poco puede ayudarles a mejorar su más que molida –triturada- reputación.

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