Golfos de la Tarraconensis a la Bética

Del golfo de Bárcenas abajo. Pasado Despeñaperros se ha robado dinero como p’asar una vaca y lo que se tercie, ugeteros y cocos empiezan a lucir las pelotas de corbata, ya no hay bromas con la juez Alaya sino más miedo que vergüenza y odio indisimulado.

Méndez (“su cabeza era enorme, la más grande que he visto sobre los hombros de ningún ser humano […] Tenía una cara y una barba como las de un toro asirio […] También su cabello era peculiar”), arrastra las palabras en ese tono cansino tan suyo para decir en público que lo de los suyos son simples errores, se admiten, se corrigen y pelillos a la mar. Pero viene Toxo, el mandamás de los cocos, atragantado de un franquismo que pasó a mejor vida va ya para cuarenta años, y dice eso tan raro de la sentencia mediática, que las organizaciones no roban (tal cual) y que encerrar a los golfos béticos de su organización “no debería tener cabida en un Estado democrático”. Así que se manifiestan todos juntos ripiando “Alaya pepera, métete en la lechera”.

librosLos manuales de gestión de crisis suelen recordar, entre otras consejas, que hay que conocer muy bien la organización, lo que incluye el negocio propio y los entornos cercano y remoto en donde actúa. Pero dicen más. Dicen que si algo sale mal en los programas implantados de relaciones con la comunidad y otros asuntos públicos, hay que aplicar la regla más elemental de la comunicación de crisis, a saber, decir la verdad, ser transparente y tomar la iniciativa.

Sale Montoro al encerado para explicarnos a los españoles que no han bajado los salarios sino que han moderado su crecimiento. Al revés que los impuestos: que nos los ha subido inmoderadamente para sostener este insostenible Estado de la cosa pública. Cuenta Gary Kasparov que su decisión de retirarse del ajedrez profesional se basó en que había detectado la necesidad de unir las fuerzas de resistencia a la catastrófica expansión del poder autoritario del Estado. Y apostillaba: “frente a la falta de transparencia, es difícil controlar los gastos, y sin un control de estos, la expansión del Estado es infinita”.

Oigo a ese catalán que según algunos ya forma parte del pasado decir que se le acaba la paciencia porque los españoles no le acabamos de costear del todo el gravoso proceso secesionista. A esa cuenta escribe Arcadi Espada que así es como han conseguido convertir la bandera española y lo que hoy representa en amigable y (casi) emocionante. Y también oigo al Picardo de Gibraltar (lo veo inflado como un globo) acusar a los españoles de invadir el peñón y de disparar contra gibraltareños inocentes.

Para denunciar que Gallardón usa cilicio y que las mujeres solo pueden desnudarse cuando al sistema le apetece, además de proclamar la buena nueva de que que el aborto es digno de veneración y respeto (?), hay feministas en edad de merecer que ven imprescindible chirriar inarmónicamente mientras enseñan las tetas allí donde solo se debe parlamentar.

En los albores de la Grecia clásica nació el rhétor, orador político que habla en público, el cual estaba obligado a proponer acuerdos, adoptar resoluciones o componer retras, esto es, debía realizar pactos verbales que luego se grababan en piedra.

De mi lado, yo empiezo a considerar seriamente la posibilidad de matricularme en uno de esos cursos de risoterapia que creo que organizan los sindicatos para los parados con el dinero que no es de nadie. A ver si yo también me descojono por algo.

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