Hasta la metacrítica y más allá

En la interesante controversia que mantuvieron Chomsky, Piaget y de su lado Skinner, acerca del origen del conocimiento en una época en que éramos tan infelices como iletrados, a lo largo de mi vida me he dejado seducir consecutivamente por las tres teorías enfrentadas. Cuando el tiempo era el del colegio me convencía más la cosa esa de Skinner de que el conocimiento es lo que queda después de innumerables mensajes transmitidos por individuos del mismo medio cultural, seguramente porque todo mi horizonte vital se reducía a marianismo en estado puro; luego, en mis primeros años universitarios di en pensar que acaso Piaget tenía más razón que un santo y que el conocimiento solo se puede construir mediante la interacción entre esas formas de pensamiento de que disponemos desde nuestra más tierna infancia y la realidad en su sentido más amplio; y a punto de ingresar en el mercado laboral me alcanzó el soplo de que, como afirmaba el orate de Chomsky, el conocimiento es un derecho preternatural que se va desarrollando con el crecimiento: de ahí la gramática generativa que organiza sintácticamente el lenguaje concebido como atributo ingénito de nuestra mente.

the-crying-spider-1881Como ya no fumo y he transmutado el whisky indiscriminado en vino placentero, contemplo más sosegado a los políticos que nos han tocado en la peor de las suertes y rechazo sinceramente la posibilidad de que todo cristo llegue a este mundo con el conocimiento zurcido en el cerebro, presto a desarrollarse al modo en que uno pega el estirón cuando menos se espera y empieza, -alto, flaco y desgarbado-, a protestar por todo en destemplados gallipavos. Y tampoco sé si, como afirma Howard Gardner, los medios de comunicación pueden convertirse, en caso de que se empleen adecuadamente, en extensiones de la mente.

Hablaba Adorno de la metacrítica de la teoría del conocimiento y a mí se me antoja que, en el caso de nuestros intocables políticos, los que son bienes de estado y los que no, a los que tanto debemos, sería necesario elaborar una crítica de la metacrítica, no para entenderlos sino para contemplarlos desde la prudente distancia en que todo juicio se serena.

En realidad no hay más que verlos en su salsa. Mi blog favorito (que lo es porque siempre encuentro allí algo estimulante sobre la personalidad, la fonética, la prosodia y la fabla de nuestros insufribles políticos) analiza a Rosa Díez, antes sindicalista, más tarde consejera o como se diga en el gobierno vasco en donde dejó huella imperecedera a cuenta de un chiste de Mingote que no le sentó nada bien, y bastante exagerada y borde ahora que tiene su propio partido político y se empeña en que se le note mucho (que tiene partido político, no que sea exagerada y borde). Entre otras cosas leo que “la comunicación oral de Rosa Díez también desconcierta. Si bien, grosso modo, la suya es la voz de la indignación –alta intensidad, tono desmedidamente agudo, enunciados largos, etcétera–, un análisis más minucioso revela ciertos aspectos que contradicen esta sensación”. Al parecer, doña Rosa es más cerebral de lo que parece y su indignación es aún más impostada que la tartamudez sobrevenida de Rubalcaba.

Estaba el presidente en ese país tan difícil a caballo entre la Europa y la Asia apoyando a los empresarios en sus contratos y le dio por pedir al botarate catalán un gesto de grandeza (tal cual) Le contestó este que no hay más grandeza que votar, cosa que, por cierto, llevan haciendo los catalanes, los andaluces, los extremeños y todos los españoles más de treinta años.

Entretanto, ese su ministro Montoro tan simpático, presentaba los presupuestos generales que, entre otras cojonadas, añade un gasto extra de 15.000 millones a lo que ya era gasto extra-extra hace un par de años. Eso sí, nada de nuevas infraestructuras que para todo no hay, aunque sí haya y mucho para pagar los intereses de la brutal deuda en que nos han sumido y siempre nos quede esa calderilla destinada a observatorios que no observan, consejos que nada aconsejan, asesores a quien nadie hace caso, defensores de los pueblos, televisiones, ipads, complementos, coches oficiales, etc.

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