Drones especialmente destructivos

IMG_0096Al volver, el megalodón seguía ahí.

Puro disparate. El presidente solo se convenció de la obligación política de rendir cuentas a la nación en el Parlamento cuando le tradujeron en alta voz el editorial de Financial Times, ese periódico tintado de económico que usan los sajones para mantener las ascuas de la leyenda negra. Salió, dijo lo que dijo y fuese a vacar. Cuando aquello del Parlamento lo que más me sorprendió fue la oratoria desgarrada del fulano Alonso. Restallaba como látigo: fulminante, sibilante, amenazante. Un descubrimiento. Pero ahora, ¿quién convence a nuestro presidente para que vuelva a contarnos lo que no quiso contarnos de las andanzas del golfo de su partido en aquel discurso admirablemente descrito en mi blog favorito como “redondo, de libro, apuntalado por los mejores speechwriters del país: con su storytelling, sus anáforas y sus tríadas”?

En esas estábamos cuando entró Gibraltar en ebullición: el que se dice mandamás de la roca tiró rocas al mar para impedir la pesca en nuestras aguas y, como niño malcriado cogido en fechoría,  pidió en seguida a la pérfida que enviara a su armada invencible que no acojonó a nadie pero pintó de despropósito las tardes veraniegas de siesta y moscas. Luego recibió solícito la visita del juez que tuvo que dejar de serlo.

Como nuestro presidente debe de estar convencido de que 31 parados menos de golpe y porrazo es motivo bastante para apaciguar la arena política, no parece que abrigue intenciones de regalar al votante explicación alguna sobre lo que seguramente considere asuntos propios, a saber, el borrado de los discos duros de los ordenadores del golfo encabronado, lo de ese Páez que depuso ante el juez que cobraba sobresueldos que no declaraba a Hacienda, lo del finiquito aplazado, y demás.

Aún así reconstruyamos. Se sabe que ha habido, hay y habrá organizaciones especializadas en tirar piedras sobre su propio tejado. Cuando no les queda otra que definir y comunicar al público la forma en que intentan resolver sus problemas, parecen afectadas de parálisis insuperable.

Sin embargo están obligadas a recuperar la iniciativa. La finalidad primordial de la gestión de crisis es proteger la reputación. Y si eres culpable, tienes que saber influir en la forma de interpretar los hechos.

Que hagan lo que quieran pero lo peor es mentir a la opinión pública, aunque también es muy negativo no decir nada, no hacer ningún comentario. El silencio solo se justifica cuando hablar empeora las cosas –lo cual se produce si hay aspectos del problema que aún no han trascendido y la organización quiere protegerlos a cualquier precio, o bien cuando existen consideraciones más importantes que los riesgos para la reputación.

Puesta en pie la famélica legión andaluza, parece que le ha dado por jubilar a los suyos con el dinero de los parados, falsear las facturas para que les salga gratis las pancartas, las enseñas y los pitos, o robar sin escalo en mercadonas o carrefours, lo que más a mano venga.

Así que con todos estos en la administración de lo nuestro, a los súbditos no nos va a quedar otro consuelo que la conseja de Patronio al conde Lucanor: por pobreza nunca desmayedes, pues otros más pobres que vos veredes.

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