Chirinolas

Vuelven a las andadas. Ellos nos repiten que estamos a punto de salir de la malhadada crisis y viene alguien del fmi y retruca que una mierda para nosotros, que quizá para el año 2015 y demos gracias. Por si las moscas, ya se ha ocupado el ministro Montoro de mantener el asombroso nivel de encabronamiento nunca antes alcanzado en el estado de ánimo de los súbditos quevotamoscadacuatroaños con nuevos e incomprensibles impuestos.

IMG_1331Entornos turbulentos. Opinaba Norman Mailer que la política no es el arte de los principios sino de la oportunidad. Para el escritor de Brooklyn los principios no son muchos pero sí lo bastante flexibles como para doblegarse ante los vientos políticos: un político tiene que saber sacar las máximas ganancias de una situación favorable y reducir las pérdidas al mínimo cuando la necesidad le obliga a abrir una vereda impopular.

Quiero creer que a quienes nos gobiernan con tanta aspereza les habrá quedado claro que el poder ya no se refleja en los sellos de correos o en las monedas de curso legal, más bien aparece retratado en los medios de comunicación. Es la dichosa imagen que llega en cuestión de segundos a todos los rincones de la tierra. Y, por mucho que lo intenten, no se puede escapar de eso.

El silencio escucha música venía a decir en uno de sus extraños cuentos el uruguayo Felisberto Hernández. A mí me da que el silencio del presidente está escuchando lo que Eugenio Trías llamó panteísmo sonoro que consiste en que todas las cosas “disponen de su propia virtualidad sonora”. Le vapulean un poco a diestra y un mucho a siniestra, y lo único que dice es que detecta una tendencia a contar cosas que no son las mejores. Hace meses hizo dramática lectura de unas cuartillas desde la habitación del pánico para asegurar que él nunca pagó ni fue pagado con dinero del lado oscuro. Pero si no quiere que alguien compare la reacción de su gente con aquel deplorable desempeño que tuvieron los sociatas cuando lo suyo de filesa et caetera en épocas tan pretéritas que han empezado a caer en el olvido, no le queda otra que renovar el discurso.

Refiere Salustio que Catilina, acusado de  conspiración para  destruir la república, como había nacido para el disimulo comenzó en tono humilde a rogar al Senado que no diese crédito a lo que se contaba de él. Pero los senadores no le creyeron y dieron en llamarle cosas no demasiado agradables, tales como parricida y enemigo público, de modo que Catilina les gritó enfurecido que ya que se sentía sitiado haría todo lo posible para que su incendio se apagara con la ruina de todos ellos. Cámbiese Catilina por lo que mejor convenga a la conseja.

En el Congreso el portavoz pepero contestó desabrido a quien osaba reclamar a su señorito para que se explicara. Tengo escrito que, en comunicación de crisis, cualquier estallido de cólera por parte de quien está bajo sospecha solo conseguirá enconar las muestras de rechazo del público, del mismo modo que nada se consigue negando la evidencia de que existe materia que, para la sociedad, es motivo de legítima queja.

Es la democracia. La gente necesita y exige más y mejor comunicación. Corre el presidente el peligro de convertirse en lo que George Lakoff llamó El Gran No Comunicador, alguien incapaz de comunicar sus logros. De todos es sabido que la hostilidad en política presenta dos caras: una en la que se manifiesta una razón figurada y otra en que se esconde una razón verdadera. La política siempre ha sido un juego de suma cero en que la ganancia de uno representa la pérdida absoluta del otro.

Si el partido en el poder no entiende que solo se convierte en realidad lo que realmente se comunica, ya puede dar por finalizada esta convulsa legislatura. Se sabe desde los tiempos de Maquiavelo que la opinión pública necesita que se ejerza sobre ella un liderazgo: sin líderes se halla desorientada. Pero el líder no se improvisa. Como escribió Anthony Smith, las sociedades se comportan según la segunda ley de la termodinámica por lo que podemos conocer la posición de cualquier cosa en cualquier momento, pero no la dirección que lleva; o podemos detectar su dirección, pero sin que podamos saber dónde está el objeto.

Aconsejaba Quinto Tulio Cicerón a su hermano Marco, cuando este pretendía el consulado, que “como aspiras al más alto cargo de la ciudad y como te das cuenta de los intereses que te son adversos, es preciso que pongas en ello toda suerte de ingenio, cuidado, esfuerzo y dedicación”.

Si, como siempre he mantenido, la forma en que sea dirigida la crisis desde el principio determinará el juicio de la opinión pública, mucho me temo que el partido en el poder ha sido ya sentenciado por el votante y condenado a la bancada de la oposición.

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