De la sencilla moral a la ética del progreso

Antes, cuando se escribía a pluma y se pasaba a limpio lo que se quería contar, estaba lo moral, lo inmoral y lo amoral. Lo de ahora es otra cosa. Con Internet se ha inaugurado una rimbombante Era de la Ética. Es como más. Se define vertiginosa, global y progresista. Dicen que desde su advenimiento ya todo es más difícil, que se multiplican los riesgos y se complica la gestión de las crisis.

Antes, como escribía Bernal Díaz del Castillo de la bazofia que, en ocasiones, le cumplía almorzar a la soldadesca, “el cazabe amargaba de mohoso, podrido y sucio de fátulas”.

Ahora que en la práctica ha desaparecido la mediación social, el ciudadano accede a ingente cantidad de información en la que predomina lo mohoso y lo podrido además de las fatulas. Y, claro está, casi siempre se siente estafado.

Asegura el admirable Mauricio Wiesenthal que “la palabra no es más objetiva cuando se hace abstracta. Sólo las ciencias exactas permiten la abstracción porque se formulan en cifras y medidas”. Ya lo hemos hablado. Comparaba Clampitt el contexto con un agujero negro y decía que, al igual que este, se comporta como una poderosa fuerza que llega a deformar gravemente las posibles interpretaciones de un discurso. Incluso los significados inferidos puede que no tengan relación alguna con la situación real o las intenciones del emisor.

15181444Véase el cuento de Pedro y el lobo: nadie creyó a Pedro cuando apareció realmente un lobo a engullirse sus ovejas porque el niño había sido ya engullido por el agujero negro que él mismo había creado con sus reiteradas bromas. Arturo Pinedo reivindica a Pedro porque “si viene el lobo, toda la organización ha de compartir los riesgos reales y los posibles escenarios, y asumir las responsabilidades de gestión consecuentes”.

Refiere Clampitt también el caso de E.F. Hutton en los años 70 cuando nombraron Director Ejecutivo de la compañía a Robert Fomon. Hutton creció con Fomon al frente hasta que sufrió tres crisis consecutivas: en primer lugar, la compañía tuvo que admitir su culpa en dos mil operaciones fraudulentas por las que desembolsó más de dos millones de dólares; luego, un cliente consiguió estafarles cuarenta y ocho millones de dólares merced a un complicado sistema de análisis financiero; y, por último, una estúpida campaña promocional de bonos exentos de impuestos les generó pérdidas por valor de cincuenta y cinco millones de dólares.

La historia de Hutton demuestra que cada desastre actúa como un contexto interpretativo para el siguiente incidente. El contexto, convertido en agujero negro, deforma de tal manera los posibles significados que resulta imposible huir de un pasado que existe en el contexto utilizado en el presente.

Me malicio que algo así le está sucediendo al partido en el poder desde lo de luiselcabrón. Se sucedieron los agujeros negros con las cositas de la de sanidad, los desplantes al de educación, y ahora estamos con el de los impuestos que implora el perdón real, todo esto fue un error.

La culpa fue de Internet. Tratar de gestionar una crisis en la Era de la Ética al modo en que se gestiona en los medios de comunicación convencionales suele traer como consecuencia su irreversible agravamiento. ¡Ah! la reputación. Se empieza reivindicando la dignidad del cinco raspao y se termina incitando a asaltar supermercados.

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