La luz que les ciega

El esférico sociata de guardia comprenderá con el tiempo que nunca se debe iniciar el discurso con una disculpa porque nadie quiere escuchar excusas y porque lo que el auditorio pide es información, desea aprender algo nuevo y, si a mano viniera, pasar un rato agradable. La flagelación pública –¡esa espalda sanguinolenta, por Dios!- a que se sometió el esférico sociata de guardia provocó en el auditorio pamanecesantandererplejidad primero y luego general descojono, porque, a ver, no se digiere fácilmente eso de que le cegó la oportunidad de apartar de la política a un expepero acosador, por mucho que lo repitiera hasta tres veces no fuera a ser que la idea-fuerza que tanto le había costado encontrar se diluyera en el fárrago.

Desmond Morris analizó las complejas relaciones afectivas entre los seres humanos. Escribía el etólogo anglosajón que si los machos y las hembras no se unen de forma total e irreversible, existe el riesgo de que uno de los dos entable otra relación, lo cual puede provocar trastornos que influyen de forma negativa en la crianza de los hijos. Por eso los celos sexuales desempeñan un papel tan importante en nuestra biología evolutiva. Lo peor, afirma Morris, sucede cuando el macho, al comprobar que la hembra se le escapa de las manos, lleva la persuasión hasta el límite y finalmente recurre a cierto grado de fuerza física.

Es aquí donde el esférico sociata de guardia debería haber introducido en su discurso el caso de un tal Txusín, un muy amigo de sus amigos que a su vez lo son del terror, condenado por maltratar a la propia pero con el que nadie en el seno de su partido quedó cegado ante la oportunidad de apartarlo para siempre de la vida política.

Mientras estos peperos de talante reformista y con ideología de centro siguen enredados en la grafología de luiselcabrón y no enseñan la demanda que dicen que ya han presentado, dos son los jueces que quieren instruir el caso de los sobres con sobresueldo en negro. Uno de estos jueces, el de la calva especular, publicó a pachas con su mujer un práctico manual para periodistas en cuyo prólogo ambos autores nos aclaran, por si las moscas, que “sumergirse en el mundo judicial puede ser, en muchos casos, una experiencia inhóspita” y que “en el ámbito de la Justicia lo difícil realmente es hallar el mensaje, conseguir una fuente, hacerse con un dato y –lo que es peor- una vez encontrado, ser capaz de entenderlo y transmitirlo a los ciudadanos”. Y en esas andamos.

Entresaco una de las cuatro teorías sobre el escándalo y sus consecuencias enunciadas por John B. Thompson, teoría que, desgraciadamente, se suele aplicar entre el privilegiado estamento político-sindical de nuestra achacosa patria. Se denomina “teoría de la ausencia de consecuencias” y dice que los escándalos políticos “son distracciones sin consecuencias producidas por una cultura mediática que ha empezado a preocuparse de las personalidades y las celebridades, y que ha convertido la exposición sensacionalista de las vidas privadas de las figuras públicas en una forma de periodismo que se perpetúa a sí mismo”. Las revelaciones escandalosas sobre los políticos pueden excitar o entretener a la opinión pública y acaso resultar duras o difíciles para sus protagonistas pero, más allá de esa pasajera incomodidad, los escándalos no tienen significado duradero ni supone nunca el basamento de una vida futura política más limpia y honrada.

Así que leo no tan sorprendido un artículo en que se compara a nuestro rey con el monarca felón, tanto en su apariencia física como en su acción política y hasta en las enfermedades que sufre. Y eso que, dicen, hay un pacto de silencio entre sociatas y peperos para que se hable en el congreso lo menos posible de las andanzas de la corinna que quiso ser princesa.

El ministro de fomento del gobierno del peor presidente de la historia, que propinaba inmisericorde latigazos a diestra cuando huroneaba el más pequeño desliz, ahora que él es el imputado no dimite porque no le sale y porque siempre hay alguien dispuesto a poner la mano en el fuego y considera razonable y respetable que se niegue a hacer lo que antaño exigía, inquisidor, al sufriente en la oposición. Sálvame de luxe.

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