Los modorros de las palabras

No entiendo su perplejidad. Nunca han sido amigos, ni siquiera conocidos. A lo mejor creen que, como mandan, ordenan. Difícil. Y tampoco sirven de mucha ayuda los políticos que ofician de pésimos jardineros. Mejor si cuando comen, callan. Se preguntaba Santiago González por el misterio de los peperos que portavocean con las relaciones laborales. Salga quien salga para explicar lo que por su farragosa naturaleza no admite enrevesada explicación, termina diluyéndose en modorra palabrería. Como nadie parece saber qué coño hay que decir, al que le toca suelta sin empacho que casi rozan el delito con la cosa del finiquito de luiselcabrón, de modo que cuando el guardián del tesoro escucha los balbuceos les demanda por la improcedencia de un despido que nunca fue. La picha un lío.

No les entiendo. El resultado óptimo se consigue cuando el discurso persuade y consigue convencer. Decía Perelman que “persuasiva” es la argumentación que sólo pretende servir para un auditorio particular, y “convincente” la que obtiene la adhesión de todo ente de razón. Así que el buen orador tendrá en cuenta en su argumentación a un auditorio heterogéneo. El conjunto de receptores a los que se dirige el discurso se caracteriza por la poliacroasis, es decir por su pluralidad: un conjunto de oyentes diversos que realizan múltiples actos de audición e interpretación del discurso, y se dan tantos actos como oyentes haya. Cada intervención pública requiere la construcción del auditorio adecuado. Hay que conocer a quienes se pretende influir con el discurso, condición previa a toda argumentación eficaz. Aquí no cabe la improvisación: incluso para improvisar ante el público hay que prepararse adecuadamente. Escribir el discurso nos ayuda a pensar, aclara las ideas, las fija en la mente, etc. Pero si leemos o tratamos de recordar el discurso palabra por palabra, aburriremos al auditorio o no sabremos qué decir, balbucientes y tórpidos.

No les entiendo. ¿Tan difícil les resulta ensayar de principio a fin lo que quieren explicarnos? Creen saber de todo más que nadie y una vez tras otra meten la gamba impúdicos. No se dan cuenta de que siempre se está comunicando algún mensaje: nunca existe un vacío de significado. El orador debe ser tan natural que sus oyentes no reparen en su modo de hablar, pero ellos son tan cursis y almibarados que sonríen bobalicones sin hallar adecuada respuesta cuando les incomodan las preguntas.

No les entiendo. Si quieren provocar en su auditorio entusiasmo y fogosidad, compórtense ustedes con fogosidad y entusiasmo. Enfaticen para dar mayor vivacidad y energía a su tono y a su estilo en general. No nos aburran más a los votantes.

Torres noche4Hasta el último aliento. Nos ha metido el miedo en el cuerpo empitonándonos a todos y ahora está el fulano Montoro mandobleando sin señalar con lo de los impuestos –entérense bien, hay faranduleros que como no viven aquí no pagan lo que debieran y partidos infieles-, pero le ha fallado el petting con la administración local, tanto magrear a sus diputaciones y a sus ayuntamientos para acabar volviendo grupas con una orquitis de caballo.

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