La secta política y Mingo Revulgo

IMG_1288La Catalunya más negra ofrece noticias de los detectives de tebeo. Les ponen el micrófono entre las flores artificiales y alguien echa agua al florero. Colitis. La pepera catalana habla sin parar y, como siempre, no dice nada. Un suponer, va y proclama una querella pero no se acaba de saber muy bien contra qué o contra quién. ¿Contra el primogénito del feudatario que le hace bramuras a su amante por un quítame allá ‘Jordi, ya tienes los 400.000 euros donde tienen que estar’? ¿Contra los sociatas de la Catalunya más negra? ¿Acaso contra el posmoderno restorán? No. Al parecer la querella se dirige contra esa agencia de detectives con filtraciones de agua que arruinan todos los papeles del registro de sus clientes. Pero ahí parece que están pringados hasta los últimos maulets. Se han investigado unos a otros para repartirse collejas en sus colodrillos.

A la pepera catalana tan suelta de cuerpo la tengo muy sufrida en la tele. No escucha. No sabe. Escuchar es un proceso. Hace algún tiempo hablé en este mismo blog de la importancia de aprender a escuchar, sobre todo si lo que se pretende es influir en los demás. Dos premisas básicas: en primer lugar es necesario centrar todos los esfuerzos en entender a la otra persona; y en segundo lugar, hay que estar preparado para que influyan en nosotros antes de que podamos influir en el otro.

La pepera catalana que habla y habla sin parar hace lo contrario, como casi todos nosotros: intenta desde el primer momento exponer sus puntos de vista con un grado de vehemencia harto enojoso, y se arranca desde una posición fija con la pretensión inamovible de convencer a quien se ponga por delante de sus opiniones, ignorando lo que el otro tenga que decir. No permite que quien está en posesión de la palabra complete su idea, lo cual le impide discernir lo bueno de un argumento de las generalidades vacías. Ya dije que el que escucha muy poco suele hablar demasiado.

En el debate hay que cumplir ciertas reglas. Entre otras, debemos estar dispuestos a modificar, en caso de necesidad, nuestra posición de partida; buscaremos alguna premisa que casi todos puedan compartir; nos atendremos a lo que creemos cierto y evitaremos la tentación de presentar como verdadero lo que sabemos que es falso; aportaremos las pruebas necesarias para sustentar nuestra posición; la carga de la prueba debe recaer sobre el que propone el cambio a una situación dada, no sobre el que defiende el statu quo; evitaremos argumentos irrelevantes; nos esforzaremos por hablar con claridad, sin ambigüedades; procuraremos no deformar las posiciones de los otros, interpretando sus argumentos de la mejor manera posible; llevaremos preparado y convenientemente ensayado un esquema argumentativo para aplicarlo adecuadamente durante el debate.

La Mato que oficia a sus momentos de paradójica ministra de la salud ha pasado de semejar una virgen de Grünewald, retorcida, suplicante y llorosa, a poner pies en pared, de aquí no me mueve nadie, infamias y cacería política, ahora que el líder cuya mejor decisión es no tomar ninguna decisión la defiende y apoya. Se conoce que la opinión de sus votantes les importa menos que una cagarruta. Tomo nota.

El fulano Rubalcaba, uno que a fuer de jefe de la oposición sin otra perspectiva gesticula frailuno para hacerse entender aunque no parece que convenza ni siquiera a los suyos, ha enseñado en público muy jaque un papel que dice que es declaración de que cobra siete mil euros menos que cuando el líder cuya mejor decisión es no tomar ninguna decisión era jefe de la oposición sin otra perspectiva. No ha colado, claro. Los peperos le contestan que se deje de cuentos y que enseñe las cuentas.

Estos de la secta política me van recordando cada día más a las coplas de Mingo Revulgo en donde un profeta llamado Gil Arribato pregunta a un Mingo Revulgo (el pueblo) cómo está porque no le ve en muy buena disposición. El pueblo -Mingo Revulgo-, le contesta que tiene pesadumbre porque sufre a un pastor que abandona la guarda del ganado y se va tras sus deleites y apetitos. Arribato le explica al pueblo que como han perdido las cuatro virtudes cardinales –justicia, fortaleza, prudencia y templanza-, entran los lobos y atacan y destruyen el ganado, y añade que es por sus propios pecados por lo que tienen un pastor de tan mala condición.

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