La lengua fingida

El lenguaje de los políticos abunda en metáforas bélicas –tregua, alto el fuego-, marineras –timón, singladura-, teatrales –escena, papel-, religiosas –pecado, culpa-, físicas –energía, impulso-, sanitarias –patología, virus-, y a veces hasta utiliza conceptos en desuso y estúpidos –malandrín. ¿Cómo vas a votar a un tipo que en defensa de sus electores no se le ocurre insulto más eufónico que ese añejo italianismo que, de rebote en rebote, ha ido a parar en habla majaderamente infantiloide?

Por el otro lado veo y escucho al impostado jefe de la oposición. No sé si él mismo se cree lo que parece que dice él mismo, con esas caídas de manos tan estudiadas, esos tartamudeos tan irritantes por falsos, esas miradas de soslayo tan ensayadas como para representar el papel de Shylock en la fiesta del colegio.

Venía a decir Maquiavelo que no es admisible que, para evitar una guerra, no se atajen los problemas porque así solamente se consigue retrasarla y situarse en desventaja. Claro que también aseguraba que el Príncipe que no se preocupe del arte de la guerra, además de las calamidades que sufra por esta causa, nunca será apreciado por sus soldados ni podrá fiarse de ellos. Pues algo así le está sucediendo a nuestro príncipe del gobierno, que piensa que dos no riñen si uno no quiere aunque el que sí quiere reñir le esté dando más que a un alfeñique en el fight club.

Se cierra el círculo. Los del cine muy bien subvencionado con nuestros impuestos, aguardan impacientes el día en que se regalan a sí mismos una aburrida e interminable ristra de goyas para inflar a yoyas a estos pusilánimes peperos que se desviven por hacerles la vida más agradable y por salvar el culo de quien más les humilla, les insulta y agrede. Malandrines.

100_6945Y ahora que aquí no dimite ni dios mientras que en Roma se va hasta el Papa, es lugar común asociar diversión con putas o con mafia, véase si no Eurovegas. Resulta que es el ejemplo del fracaso colectivo como nación: ya que somos incapaces de producir y ser competitivos para crear puestos de trabajo –se nos viene a decir-, nos tenemos que conformar con levantar en nuestras bellísimas ciudades dormitorios remedos de esa mierda mundialmente conocida como Las Vegas. Y todo para casarse disfrazados de Elvis que por lo visto y oído no dará para mucho más esa suerte de Gomorra aunque si fuera Sodoma tendría hasta desfile de carnaval con sus carrozas y todo.

Leo en un artículo de Arturo Pinedo -Crisis corporativas: Directivos bajo sospecha- publicado en el blog d+i de la agencia de comunicación Llorente y Cuenca: “El “presunto culpable” debe reaccionar para evitar el deterioro de su imagen personal –y por ende, la de su compañía- prestándose a la batalla, afrontando cada hito o circunstancia del proceso que se abre ante él o ella. Cambia el paradigma de la comunicación: frente al mutismo, la respuesta medida y adecuada; frente al aislamiento, la relación directa y franca con los grupos de interés; frente a los rumores, la propia versión de los hechos. Se hace precisa una estrategia de comunicación personal que identifique los escenarios de riesgo, anticipe su evolución, y ajuste las reacciones en tiempo, forma y tono, sin dejar nada al azar.”

Todo lo cual es exactamente lo que le ha faltado a este gobierno desde que decidió implantar medidas políticas que nada tenían que ver con lo prometido en campaña. Ha conseguido que sus enemigos le declaren la guerra total cuando ya ha perdido el respeto y el aprecio de sus propios votantes.

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