El pase del desprecio

la fotoRidículo. Error tras error hasta la gran cagada final. No aprenden, no lo permiten –ustedes no son nadie para darnos lecciones. Los electores somos rehenes de los elegidos. Nos toman a todos por imbéciles. Creen que a los votantes no les importa que no sepan hablar en público, que balbuceen estúpidamente ante una cámara, que se muestren incapaces de expresarse con claridad y corrección o que, rizando el rizo, tras imponer la rueda de prensa sin preguntas ahora la retransmitan desde la habitación del pánico. Creen que la comunicación es una mariconada, a mí me van a enseñar. Ridículo.

Un Floriano acude a una entrevista a la cadena de radio enemiga de los suyos desde casi siempre. Preguntas de cajón. Respuestas de parvulario. Supura ignorancia y torpeza. Ya se sabe que nuestros éxitos son hijos de nuestra inteligencia y nuestros fracasos lo son de padres desconocidos, de ese azar que nadie puede prever o negociar, de la ingobernable aleatoriedad. Aquí nadie se siente responsable de lo que se tuerce.

Cuenta Nassim Nicholas Taleb en El Cisne Negro que el psicólogo Philip Tetlock estudió a expertos políticos y económicos para comprender los mecanismos mediante los cuales  se generan explicaciones ex post para salvar el trasero chamuscado. Concluyó: uno se dice a sí mismo que se trataba de otra cosa; se invoca lo raro o impredecible para convencerse de que “eso” no volverá a suceder; se defiende lo que casi resultó cierto; y se convierte uno en el erizo de la fábula en lugar de la zorra -distinción que popularizara Isaiah Berlin-cayendo en la falacia narrativa que hace que un único resultado le impida imaginar otros.

La ministra Mato no quiere dejar de ser ministra por mucho jaguar y confeti que le echen en cara allá donde vaya. Como la ministra Mato no se prepara sus intervenciones en público –menuda pesadez, no tengo tiempo, hasta ahí podía llegar la broma-, en ocasiones decide dar la callada por respuesta. Es entonces cuando la prensa da en analizar su lenguaje corporal que, por supuesto, tampoco se beneficia de un exhaustivo entrenamiento.

Una Beatriz Viana, que representa a la ya de por sí bastante malparada hacienda pública, finaliza su irrelevante intervención ante la prensa confesando a micrófono abierto que no sabe ni lo qué ha dicho y que le van a sacar cualquier barbaridad. Ya hemos hablado de eso: ni los micrófonos ni las cámaras son simples trampantojos colocados para dar ambiente de rueda de prensa.

Lo dijimos cuando tocaba. Durante una rueda de prensa, el político conocerá perfectamente el mensaje que quiere comunicar; hará frente a los hechos; dirá la verdad o escogerá el silencio, pero jamás mentirá a la prensa; no descalificará ninguna pregunta por molesta que le resulte; procurará resumir en un titular lo esencial de su mensaje; evitará tecnicismos, cursiladas, digresiones y explicaciones prolijas que aburren a la audiencia; será humano, comprensivo y accesible; tendrá presente que cada medio impone su lenguaje, y que una cámara de televisión puede ser el más despiadado de los delatores.

La hostilidad del auditorio complica extraordinariamente la comunicación. En estos casos es importante adoptar una actitud de indiferencia ante el ataque que nos permita analizar la situación fría y objetivamente; estudiar a la audiencia, al periodista, al medio que representa; conocer el lenguaje apropiado para el medio en donde nos vamos a expresar; saber presentar los hechos que refuten la hostilidad; indagar de dónde proviene realmente la hostilidad; ofrecer pruebas de que, en situaciones similares nos comportamos correctamente y ganamos credibilidad; si consideráramos el problema una causa perdida, lo mejor es dirigir la atención del auditorio hacia una idea más positiva, en  tiempo actual o en un futuro inmediato; entender la naturaleza del problema y, en la medida de lo posible, compartir la preocupación del auditorio; transmitir un mensaje equilibrado, basado en la razón y en la emoción.

De los nuestros. El líder máximo publica los emolumentos que ha recibido desde que era el jefe de la oposición. Algunos titulares leídos en la web:

Rajoy ganaba 164.000 euros más en la oposición que en el Gobierno.

Rajoy cobró tres sueldos en 2004 y 2005 y se hizo una gran subida en plena crisis.

Rajoy gana como presidente un tercio menos que en la oposición.

Rajoy ingresó casi dos millones por trabajo brutos en 10 años.

Rajoy declaró un patrimonio de 1,4 millones en 2007, un 43% más que en 2003.

Rajoy se desnuda y deja la patata caliente en manos de Rubalcaba.

Adivina adivinanza. Quién es quién.

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