Unos días después

Otro nudo en la  garganta. La brutal masacre de niños y maestros perpetrada por un mal nacido de comportamiento anormal en la ciudad norteamericana que alguien bautizó como Newtown, ha deparado mucho dolor allí y mucho debate por aquí, que si las armas, que si los del rifle, que si el facha de Charlton Heston al que no dejan descansar en paz. Pero unos días después, lo nuestro aún pervive.

Decía Mandeville, otro notorio hemihijo de la Gran Bretaña, después de poner a parir a los españoles de entonces a los que tacha de ociosos, orgullosos y mendicantes, que el arte infalible para hacer a una nación feliz y próspera, consiste en proporcionar a todos la oportunidad de trabajar. Montaigne aseveraba que nadie está exento de decir necedades; el mal consiste en decirla con pompa. Todo lo cual me ha recordado una vez más al presidente aleve que nos arruinó en los ocho años del peor gobierno que ha tenido la desdicha de soportar esta vieja nación nuestra, condenada a sufrir en carne propia interminables discusiones sobre su esencia y su presencia. Lo de la oportunidad de trabajar que nos lo cuenten a nosotros; lo de las necedades, ya dejó por escrito el ensayista gabacho que el bien público requiere que se mienta, traicione y mate.

angelcaidoMadrid está en ascuas. El día  a día de nuestros días consiste en echar una vistazo a la huelga y a la mani del día. Hoy toca sanidad, mañana educación, pasado mañana el suburbano y al otro la emt. El rizo lo han rizado los de Telemadrid que han conseguido que ya ni nos acordemos de esa cosa del servicio público tan irrenunciable en nuestras vidas. Tantos años defendiendo la pantalla pública como el mayor bien necesario y, cuando la mandan a negro, el muerto al hoyo. Como sigan a esta marcha, los sindicatos van a llegar echando el bofe a la sansilvestrevallecana, y los madrileños comeremos las uvas con el paralís de a ver si se nos pone en huelga el relojero de sol. A mí me parece muy sano protestar, pero dar tanto el coñazo adquiere ribetes enfermizos.

Está la progresía do solía: ni palabra en sus canales y soportes de lo de la supuesta corrupción de los molt honorables y sus honorables familias. Y eso que uno de los vástagos pide amparo a los fiscales porque se siente indefenso y dice que lo único que pretenden es abortar ese absurdo viaje a ninguna parte que ha iniciado la Catalunya. Pues muy bien, pero no sé yo si le podrán proteger de las bolsas de dinero que iban a dar a Andorra (ese país pequeñito ahí arriba entre Francia y España), de los coches de lujo, de las ITV, de lo de Pepiño, en fin de todo eso de que hablan y no paran. Ocupados con estas fruslerías, no han perdido el tiempo para pactar entre ellos subidas de impuestos y un a modo de referendo de sus ansias secesionistas.

Mientras tanto, por ahí abajo, siguen a lo suyo: no se acaba lo de los falsos eres y ya estamos con fondos de reptiles. Lo asombroso es que el sociata que manda le espeta al alcalde pepero que no le recibe si  no es en presencia de tres ministros por mucho que este quiera pactar con él lo de sacar a Andalucía de su endemia.

Reputación on line: el de la Comunidad de Madrid ha tuiteado una cagadilla. No es el primero ni será el último. Dice que lo borró pero que ya era tarde. Pululan por ahí comisarios de la baja progresía a la caza del tuit susceptible de gresca para retuitearlo a los asilvestrados que se meriendan al que lo suscriba. Libertad de expresión engrilletada. Ahora que ya sabemos que a Ramsés III lo apiolaron sus señoras para que el niño le heredara antes de tiempo, no caigamos en prácticas milenarias. La buena o mala reputación de personas físicas o jurídicas, depende de la percepción pública de su comportamiento. Nuestros políticos, tan soberbios ellos, tan pagados de sí mismos, deberían haber aprendido que los micrófonos y las redes sociales no son meros trampantojos.

Cuando se tienen responsabilidades voluntariamente asumidas para con el común, hay que cumplir ciertas reglas en los medios de comunicación y en las redes sociales. Se me ocurre: ser transparente, no en vano la noticia sobre honestidad o deshonestidad de un político correrá como la pólvora; escribir de lo que se conoce; ser consciente de que en las redes sociales no hay frontera establecida entre lo público y lo privado ni entre lo personal y lo profesional; huir de la pomposidad y de la pedantería; escribir cosas que la gente valore, es decir, añadir valor a la presencia social; aceptar que lo escrito es responsabilidad de quien lo escribe.

Un Moliner que preside el Consejo General del Poder Judicial lamenta en lo más hondo dar la mala imagen de pedir permiso para viajar y tener que hacerlo en clase turista (tal cual). ¿Tenemos remedio?

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Comunicación, Política, Vida y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s