Cuando se nos mueren las ninfas

En la época en que Umbral era Paco, un cuarentón que escribía como quien mea al decir de su paisano Delibes, también fue el del premio por su novela Las Ninfas, relato del tiempo añejo de una adolescencia en que los niños que se creían Stephen Dedalus miraban a las muchachas en flor con aire melancólico y naturaleza onanista. Era una literatura muy lírica, muy autobiográfica, muy provinciana, muy proustiana y, con el paso de los años, poco escandalosa.

Pero las ninfas de Umbral no morían aplastadas por la estampida que don Amando ha dado en limpiar y fijar, si acaso alguna profesaba y se perdía para siempre en lobregueces conventuales. Las ninfas de la noche de difuntos, víspera de Todos los Santos, eran niñas que se asomaban vertiginosas a la vida, sin tiempo para la cata, enredadas en una fiesta de historias de miedo, empujadas a transitar por un estrecho pasillo, dicen que truco o trato, en donde daba la vuelta el aire.

Ahora que ya se conoce un informe policial que precisa que el aforo estaba sobradamente sobrepasado (sic) y que la alcaldesa Botella se las piró a Portugal, al premonitorio hotel Pena Larga, una pena larga perder la reserva, parece más incomprensible lo del vicealcalde Villanueva, la culpa de la bengala, el aforo clavadito por la empresa organizadora y todo ese dispositivo de policías y vigilantes, más de ciento, que no sirvieron de mucho a las ninfas abatidas y pisadas por el rebaño encabritado. De vuelta, la alcaldesa acompañó en el sentimiento, dijo que nunca más en su presencia y, mientras inauguraba cosas, apoyó a Villanueva y habló de su extremado rigor y responsabilidad.

La comunicación de crisis. Pongamos que, como dicen los manuales, la confianza en la comunicación remite a la esperanza generalizada de que el mensaje será verdadero y comprobable y de que el comunicador demuestre competencia y honestidad transmitiendo información precisa, objetiva y completa. Puro Villanueva. La confianza de la opinión pública supone un subjetivo anhelo de recibir información fidedigna de una persona o institución. Villanueva y Ayuntamiento. La gente solo confía en una fuente informativa cuando comprueba que esa fuente ha dicho siempre la verdad durante un largo, largo periodo de tiempo. De modo que la credibilidad se puede definir como el grado de confianza compartida y generalizada en una persona o institución que proyecta absoluta integridad. Villanueva, Ayuntamiento y Botella.

Dicen los sajones que la verdad consta de cinco componentes: competencia (grado de conocimiento que se asigna al mensaje o a la fuente); objetividad (ausencia de sesgo en la información percibida por otros); equidad (representación adecuada de todos los puntos de vista relevantes); consistencia (predicción de los argumentos y de la conducta basándose en experiencia anteriores y en los esfuerzos previos de comunicación); fe (información bienintencionada)

Para que una información sea verdadera requiere estos cinco componentes, aunque la falta de alguno de ellos se sustituya por la relevancia de los otros atributos. Pongamos que si la objetividad es imposible, la justicia del mensaje y la fe en la buena intención de la fuente pueden servirnos como sustitutos; la poca competencia se compensa con la fe y viceversa; la consistencia no es esencial, pero inconsistencias continuadas destruyen expectativas y modifican los modelos de respuesta. La verdad no puede imponerse si la experiencia de los actores sociales abunda en respuestas inconsistentes de otros actores en similares o idénticas situaciones.

Si lo que se persigue es incrementar la credibilidad de una institución, el factor más importante para ello es el desempeño, no las relaciones públicas. La confianza tiene que conseguirse mediante la consecución de metas y objetivos. Además, la credibilidad está estrechamente unida a la rentabilidad y a la apertura a las demandas del público. Justicia y flexibilidad son elementos cardinales de dicha apertura. Todo esto solo puede conseguirse si la fuente informativa se encaja en un esfuerzo organizado para recabar feedback de la audiencia estableciendo procesos de comunicación de ida y vuelta.

A qué ton probó Villanueva a salvarle el culo a la empresa organizadora con tanta premura. Las crisis siempre aparecen por sorpresa, así que no se debe reconocer nada hasta que no se haya identificado el problema en toda su dimensión. Resulta de vital importancia definir el escenario de la manera más precisa posible, evaluar los hechos que ya sean conocidos y apuntar las diferentes opciones y estrategias al alcance de la institución.

Cuando se nos mueren las ninfas es llegado el tiempo del silencio. Queda reposar el vino en la copa. Mirarlo, removerlo, olerlo y saborearlo en recuerdo de unas niñas que buscaron la felicidad una noche de difuntos entre el gentío sin compasión.

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Una respuesta a Cuando se nos mueren las ninfas

  1. El Mentecato dijo:

    espectacular! Demuestras una vez más que sabes un huevo! Me gustaría un post sobre los discursos postelectorales de los candidatos a la presidencia de EEUU…

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