Tornaviaje

Andrés de Urdaneta, español a fuer de vasco, monje, marino y soldado, abandonó el convento mejicano en donde seguramente pensaba consumir los últimos años de su ajetreada existencia, y se puso una vez más al servicio de la corona de España que por aquel entonces adornaba la augusta cabeza de Felipe II, con la orden de conducir junto a Legazpi una expedición marítima a las Islas Filipinas. La ruta de ida era conocida por todos los marinos y no sufrieron contratiempo alguno. El problema era encontrar un camino de vuelta a las Américas sin surcar aguas controladas por los portugueses. Y descubrió el tornaviaje, una nueva ruta por el Norte que eludía los vientos alisios y el control de los marinos portugueses. Se abrió así la singladura que, durante muchos años, permitió el comercio entre América y Asia.

Cuenta Arthur Schnitzler en las memorias de juventud en Viena, que, siendo estudiante, uno de sus amigos contrajo una grave enfermedad venérea tras acostarse con una prostituta sin regularizar. Y cuenta que el dicho amigo se encontró meses más tarde con la  prostituta y no sólo no le hizo reproche alguno sino que decidieron pasar otra noche juntos. Y cuenta que, en otra ocasión, ambos amigos echaron a suertes cuál de los dos gozaría de los favores de una bella pero confundida corista; sacó Schnitzler el pañuelo más corto, pero como le había llegado información sobre el delicado estado de salud de cierto aristócrata que era a la sazón el amante oficial de la corista objeto de sus ardores juveniles, y como le rodeara el cuello con el brazo y palpara un bulto harto sospechoso, renunció a la ganancia y le cedió la chica a su amigo “quien por suerte y por desgracia al mismo tiempo ya no corría peligro alguno en ese terreno”.

Leo que Artur Mas reclama estructuras de Estado para la comarca. El inmenso reaccionario Nicolás Gómez Dávila que, si hacemos caso a sus propios escolios, era simple patólogo que define la enfermedad y la salud pues Dios es el único terapeuta, escribió que el Estado es totalitario por esencia y que el despotismo total es la forma hacia la cual espontáneamente se tiende.

Pusieron todo su empeño Mas y Mas-Colell en que se publicara las balanzas fiscales del Reino de España. Conseguido. Y mira por donde es en la comarca donde algo se oculta. Y hoy mismo el Gobierno desembolsa a la Generalidad 1.044 millones de euros para afrontar déficit (568 millones) y refinanciar los vencimientos de deuda del mes de octubre (476 millones), por supuesto sin exigencias adicionales.

Al buen cómico Albert Boadella lo insulta, pero no lo indulta, un Ohm que ya había jaleado en televisión a otro cómico extemporáneo por lo palmariamente borracho. El tal Ohm dirige su epístola a Boadella en un catalán entre pucheros de lo que pudo haber sido y no fue y, despechado, le dice que al fin se han olvidado de él, que ya no sufren con sus desaires y, que por lo tanto, renuncian a convertirlo en una de esas estructuras de Estado que, al parecer, también exigió la afición futbolera con voz rugiente en el 17’14’’ del siglo XVIII, justo cuando más “destacó el espíritu religioso, monárquico y españolista de los catalanes”. Le contesta Boadella con todo el cariño que se le debe a los enfermos, deseándole una pronta y total recuperación.

Lo que el tal Ohm desconoce es que en una argumentación caben hechos, verdades, presunciones y valores. Estos últimos pueden ser abstractos y concretos y son equiparables a los hechos porque, una vez planteados, hay que argumentar en su contra para librarse de ellos. Y en los argumentos caben asimismo los lugares que todos los auditorios tienden a tener en cuenta. Ohm se olvida de los lugares de la esencia que conceden un valor superior a los individuos que mejor la encarnan, y los lugares de la persona y lo existente que confirman la superioridad de lo que existe, de lo real sobre lo posible o lo eventual.

Seguramente Artur Mas ha palpado un bulto sospechoso en la economía de la comarca y cree en el contagio del mal español que antes fuera mal napolitano o mal francés o mal portugués. Y dice que se va. Pero el periplo no se completa hasta el tornaviaje y el camino de vuelta puede resultarle algo ingrato. Aunque por ahora seamos los sufridos españoles quienes carguemos una vez más con la del bulto sospechoso.

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