El sexo trascendido

Lo dejó Karl Kraus por escrito: “amar, ser engañado, estar celoso, cualquiera acierta enseguida. Más incómodo resulta el otro camino: estar celoso, ser engañado, amar”. La guapa concejal socialista de Los Yébenes se hizo un video calentorro, lo guasapeó a quien no debía y se equivocó la paloma mensajera. Luego la chica dijo que la culpa era del PP y ya tenemos al alcalde del pueblo citado a declarar. Mientras tanto las buenas gentes del pueblo le cambiaron el oficio a la guapa concejal de Los Yébenes cuando se dirigía al Ayuntamiento a cumplir con su trabajo, y otros le aplicaron doloroso tratamiento de tontaelculo. Y, al cabo, otra vez Karl Kraus: “las mujeres no están nunca consigo mismas, y por eso quieren que tampoco los hombres estén consigo, sino con ellas”. El precio a pagar siempre es muy alto y ahora, además, se le aplica el nuevo IVA.

Enflaquecido salió Rajoy por la tele para contarnos lo de los 47 kilos que pesa el etarra torturador y asesino. Eso le debe preocupar mucho porque lo repitió, 47 kilos dijo por segunda vez con un tono entre contrito y desafiante. La Ley no permite que muera en la cárcel, dijo. Ahí puso toda la carne. El resto se lo llevó el engaño del déficit, que iba a ser del seis y se convirtió en nueve por las pésimas artes del peor de todos los presidentes.

De los desvergonzados gastos de algunas Comunidades Autónomas y de las hirientes prebendas de los de su calaña ni mención, y como tampoco tocaba hablar de los secesionistas, quedó la comparecencia como poco aprovechada. Eso sí, se le adivinaron ganas de convencer al auditorio, aunque como no había más chicha que la mentada, el auditorio se entretuvo en calcular cuánto pesaban los asesinados y el torturado. A eso no tenía respuesta porque ya lo hizo en aquel momento del quiero que me votes, promesas que a fuer de falsas se convirtieron en mentiras sobre el futuro.

Es cierto que nuestro líder se supo comportar frente a las cámaras. Pocos peros que ponerle. El formato elegido no es seguramente el adecuado: algún periodista fastidioso, otro anciano catequista y un moderador de la nada, convierten el encuentro en un espacio ideal para mitinear. Sin embargo nuestro líder se concentró en mantener una postura corporal abierta, controló el tono y el volumen de la voz, supo mirar a su interlocutor sin parecer agresivo, en suma, se adaptó a los preguntones mostrándoles el respeto que le debe a la audiencia.

No sabemos cómo acabarán los procesos de independencia (el último intento de Cataluña duró diez horas) y cuando pasó lo que pasó y pasaron los que se aseguró que nunca pasarían, Cambó dio en repetir en su exilio voluntario “els rojos són pitjors” (los rojos son peores) a quien quisiera escucharle. Hoy nos llaman ladrones a los españoles, salen a la calle en inmensas multitudes, contad, contad, malditos, a ver si os acojonáis, pero resulta que 56 céntimos de cada euro que entra en Cataluña, procede de la expoliadora nación española.

Todo esto también forma parte de ese larguísimo parto a que he aludido en anteriores entradas y que se me figura nos va a legar para la posteridad algo muy diferente a lo de ahora. Europa es una vieja apocada que confunde virilidad con machismo. Mucha ternura, poca fibra y ninguna pujanza. Y ahora nos obligan a mear a lo hembra para que no salpiquemos el linóleo.

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