Es un escándalo

El escándalo político implica una “violación del procedimiento debido”. Como el procedimiento es invento de las democracias liberales, resulta evidente que los escándalos políticos se producen en países en donde merecen el mismo respeto tanto la forma como el fondo y en donde todo queda supeditado al imperio de la ley.

John B. Thompson, en su autorizado estudio, apunta cuatro factores que explican por qué son mucho más comunes los escándalos políticos en democracias liberales que en regímenes autoritarios: 1.  La existencia de partidos y grupos de interés crea una atmósfera muy cargada de tensión donde la norma es el conflicto y la confrontación; 2. La reputación tiene mucha importancia para conseguir éxito electoral; 3. Los medios de comunicación son relativamente autónomos e independientes del poder político; 4. El ejercicio del poder político en teoría se produce bajo el imperio de la ley.

Una sencilla tipología de los escándalos políticos recoge aquellos que son de naturaleza sexual, de naturaleza financiera, o los que directamente se relacionan con el ejercicio del poder.

Desde el caso Profumo en los años 60 en Inglaterra hasta el affaire Clinton con la becaria Lewinsky en los Usa, los escándalos políticos con mayor o menor repercusión mediática se suceden en casi todos los Estados del mundo occidental. El asunto Profumo es un clásico de los escándalos de naturaleza sexual y se produjo en plena Guerra Fría. Todo empezó cuando un miembro del gabinete inglés acudió a la mansión de Lord Astor y se topó con una belleza que se bañaba desnuda en la piscina. La mujer se llamaba Christine Keeler y el nota que se quedó boquiabierto era John Profumo, ministro de Defensa del gobierno de Su Graciosa Majestad. Ambos iniciaron un romance que se prolongaría durante varios meses y que se interrumpió bruscamente al descubrirse que la Keeler también se veía a escondidas con un coronel soviético de nombre Ivanov. La cosa no acabó bien: Profumo proclamó públicamente su inocencia asegurando que en sus relaciones con la señorita Keeler no hubo conducta impropia. La mentira le condujo irremediablemente a presentar su dimisión. Algo parecido le ocurrió a Bill Clinton cuando negó obstinadamente que se hubiera acercado a Mónica la becaria con ánimo libidinoso.

Un personaje que atesora en su biografía escándalos de naturaleza financiera y otros relacionados con el ejercicio del poder es Richard Nixon. Sin entrar a describir su entierro político por el caso Watergate, recordemos que durante las elecciones del 52, en las que el senador Nixon era candidato a la vicepresidencia, se publicó la  noticia de que dos años antes había recibido 17.000 dólares de cierto club de millonarios. No le arredró la acusación y, para salvar su candidatura, apareció en televisión dispuesto a convencer a sus votantes de su inocencia. Pronunció un célebre discurso conocido como el del perrito “Checkers” que demostró el arma poderosa en que se había convertido la televisión en contiendas electorales.

Los escándalos que aparecen como consecuencia de un mal uso del poder político suelen estar estrechamente relacionados con los escándalos de naturaleza financiera. Paradigmático fue el que se produjo en la Italia de los años 80 cuando se descubrió que existían auténticos gobiernos en la sombra como el protagonizado por la logia masónica P-2, una red de poder perfectamente integrada en el engranaje del Estado y que se encargaba de poner en contacto a individuos entre sí haciendo fluir información y recursos económicos.

La reputación perdida es difícilmente recuperable. Un plan de comunicación personal elaborado para construir una imagen positiva que se proyecte tanto hacia el interior como hacia el exterior, tiene que asentarse en la coherencia de las actitudes y el comportamiento ejemplar. Porque una imagen pública deteriorada no se recompone fácilmente. Ciertamente ayuda acumular muchos años de prestigio y de servicio a la nación. Pero, incluso así, los jirones de reputación perdidos en el camino equivocado no se recuperan jamás.

Lo que no comprendo es por qué todos los escándalos políticos aquí reseñados han tenido lugar allende nuestras fronteras. Será que me cuesta demasiado trabajo encontrar escándalos de naturaleza sexual, financiera o de poder que hayan afectado a personas e instituciones españolas de la Monarquía hacia abajo. Y hoy tengo el ojo algo vago. País.

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Una respuesta a Es un escándalo

  1. gran post con el que he aprendido. Saludos

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