De neandertales y otros demonios

Ahora que hay quien da en pensar que ni pintamos la capilla Sixtina del arte rupestre ni decoramos otras tantas cuevas diseminadas por el norte de España, y que tales obras maestras pudieron haber sido creadas por la especie del género homo más vilipendiada y ninguneada por el homo dos veces sapiens, barrunto que ha llegado el momento de hacer un provechoso ejercicio de humildad.

Porque resulta que, mientras estamos a punto de encontrar el anhelado bosón de Higgs, esa partícula divina que confiere su masa al resto de las partículas del universo y cuyo descubrimiento daría lugar a una nueva Física de la que hoy todo se desconoce, por estos pagos empieza a respirarse un aire mefítico que no augura nada bueno para nuestra supervivencia como especie.

A lo peor alguien está pensando en establecer un tipo de pacto con según qué hijo de Satanás que nos libre de una vez por todas de esta pesadilla. Pero hay que tener mucho cuidado. Thomas Mann dejó por escrito pormenores de esta historia: como un Doktor Faustus redivivo, el músico Adrian Leverkühn llega a un acuerdo con el mismísimo diablo y termina sus días demente a causa de una sífilis de burdel e incapaz de disfrutar de la gloria demoníaca en vida, mientras que su país, Alemania, asiste incrédula a una nueva humillación en su intento por convertirse en el cuarto imperio europeo que domine el orbe. Ese fue el final definitivo del mundo de ayer que Zweig supo retratar en sus maravillosas memorias y que le condujo irremediablemente a suicidarse.

Una nueva sociedad se está alumbrando en España. Como en cualquier parto asistimos a contracciones cada vez más frecuentes, pero a mí me da que, tras repetidos anuncios, el tiempo de la transición, nuestro particular mundo de ayer por fin ha muerto y que, una por una, todas nuestras instituciones, desde la jefatura del Estado hasta los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, es decir, toda la estructura política y social de la nación, experimentan desde hace algunos años cambios muy profundos y dolorosos. En lo que quede después, sospecho que será muy difícil reconocernos.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cultura y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s