Descartes y la puerta giratoria

El problema de que la puesta en práctica de la política de comunicación de un gobierno dependa de lo que opinen personas disparejas es que las decisiones, cuando se adoptan, suelen nacer de un furibundo contraste de pareceres que termina por introducir al presidente en una puerta giratoria de la que no se sale jamás. Clásica escena de cine mudo con la que ya se desternillaban nuestros abuelos.

Dicen que hay quien dice que el presidente no debe sobreexponerse al juicio de la opinión pública. También hay quien dice que es muy cansado eso de tener que explicar, periódica y diáfanamente, al cenutrio medio de los españoles votantes qué coño estamos haciendo con vuestro voto y porqué lo que hacemos con vuestro voto es lo mejor para todos. Pero también el presidente dice sin previo aviso hasta aquí hemos llegado y, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, coge las riendas de la comunicación con el fin de embridar esa información relevante que amenaza con desbocarse.

Así es como tenemos a nuestro presidente dando vueltas sin fin en la puerta giratoria de una comunicación que, en realidad, no sirve para nada porque aquí está ya todo el pescado vendido, ya hemos hecho todo lo que teníamos que hacer y no nos responsabilizamos de lo que pueda suceder a partir de ahora.

En realidad la comunicación del gobierno es mala porque carece de método. Descartes señalaba los siguientes pasos imprescindibles para resolver cualquier problema:

  1. No admitir como verdadera cosa alguna si no se tiene la evidencia de que lo es. Por ejemplo, cuando Rajoy proclama que no habrá ningún tipo de rescate a la banca española, y cinco minutos más tarde acepta 100.000 millones de euros destinados a esa misma banca española que no necesita rescate.
  2. Conducir ordenadamente los pensamientos. Empezar por los objetos más simples para ir ascendiendo poco a poco hasta el conocimiento de los más compuestos. Fíjate que creo que el presidente quiso seguir el consejo a rajatabla. Empezó por los pensamientos más simples: Cospedal, Santamaría y Montoro, para llegar a los más compuestos: De Guindos y él  mismo. Lo que ocurre es que este es el tortuoso camino que nos ha conducido al caos informativo en que estamos sumidos.
  3. Hacer recuentos tan integrales y revisiones tan generales que se tenga la seguridad de no haber omitido nada. Si Rajoy se da de bruces con la colmena de periodistas que zumba a su alrededor pidiendo que explique lo que se ha convertido en inexplicable y, sin decir palabra, gira sobre sus talones y sale en estampida, el cartesiano consejo desaparece en el vacío que el presidente ha dejado a sus espaldas.
  4. Dividir cada una de las dificultades en cuantas partes sea posible y en cuantas requiera su mejor solución. Tantas son las dificultades a que nos enfrentamos que aquí no queda otra que armarse de valor y paciencia. Está la herencia, claro, ese absurdo derroche que nos ha llevado en volandas más allá de la ruina. Pero también está lo que no se toca, las prebendas, el funcionariado, los políticos y los sindicatos. ¿Y para este viaje necesitábamos tantas alforjas?
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Una respuesta a Descartes y la puerta giratoria

  1. Chirris dijo:

    Me gusta la metáfora de la puerta giratoria de Rajoy, creo que refleja el laberinto en el que se encuentra, y en el que no es fácil encontrar la salida. Si es que la hay…

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