Sobre el papel de la comunicación en los nuevos despachos de abogados

¿Alguien pensó que el nuevo paradigma consecuencia de la revolución tecnológica no afectaría al muy conservador y algo esclerotizado universo jurídico? Si se le pasó por la cabeza que podría sobrevolar las nuevas realidades, se equivocaba, claro.

Los nuevos despachos de abogados ya no se pueden limitar a ofrecer conocimientos estrictamente circunscritos al derecho; hay algunos motivos cada vez más evidentes para que los jóvenes abogados adquieran una formación global que les capacite para participar en todos los asuntos de que se ocupan hoy en día los bufetes:

1. Los rozagantes frutos de la antedicha revolución tecnológica, es decir, las redes sociales. El diabólico invento es capaz de movilizar a millones de personas para poner en común las más variadas opiniones y experiencias. El conocimiento se propaga a velocidad de neutrino.

2. La profunda crisis económica y de valores que nos afecta a todos.

3. Las legítimas exigencias de los clientes que necesitan un cada vez más amplio abanico de servicios íntimamente relacionados con la resolución de sus problemas jurídicos.

Uno de estos servicios que los clientes de los nuevos bufetes demandan es la comunicación. Alguien que acude a un abogado porque su compañía atraviesa por una crisis en que lo que está en juego es la reputación (ese intangible tan tornadizo) y, en consecuencia, la propia supervivencia, exigirá no sólo que le solucionen el contencioso jurídico en que pueda verse envuelto, sino también salvaguardar la imagen de marca. Y ya que la comunicación corporativa es la herramienta por antonomasia de que se sirven las organizaciones para controlar la imagen pública, el bufete deberá estar preparado para, en su caso, elaborar un plan de comunicación de crisis. El camino hacia la excelencia empieza por ofrecer dedicación profesional de calidad, intensa y exclusiva.

Todos hemos vivido situaciones en que se utilizaron los medios de comunicación como vehículo de denuncia antes de acudir a un tribunal de justicia. El denunciado estaba en clara desventaja por cuanto la estrategia de defensa suele en tales casos imponer el silencio, mientras que los denunciadores pueden seguir suministrando a los periodistas la información que les parezca, sea falsa o no y tenga o no relevancia jurídica. El problema se complica si el encausado es declarado inocente cuando ya el asunto ha dejado de ser informativamente relevante. Es entonces cuando se comprende que la compañía ha sufrido una irreversible merma en su reputación, y sus gestores deben aprender a convivir con una imagen negativa.

Casos como estos imponen que la asistencia letrada y la asesoría de comunicación trabajen estrecha y coordinadamente para minimizar las inevitables consecuencias jurídicas y sociales.

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